La Fundación Adecco y la Fundación CEOE organizaron recientemente en Madrid la jornada anual de la Alianza #CEOPorLaDiversidad, una iniciativa pionera en Europa, que tiene como misión unir a los CEO de las principales empresas en torno a una visión común de diversidad, equidad e inclusión (DEI). Pero, en un entorno de creciente polarización ideológica, ¿cómo pueden las empresas gestionar sus estrategias de DEI sin caer en la controversia o el rechazo de ciertos sectores?
El encuentro congregó a 27 CEO de las empresas y entidades adheridas a esta Alianza: Acerinox, Agilent Technologies, Airbus España, American Express España, Arcelormittal España, Atos, Bahía de Bizkaia Gas, Baker Mckenzie, CBRE GWS, Elecnor, Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, Ivirma, Kantar Insights, Kapsch TrafficCom, KPMG, Maersk, Mitsubishi Electric, Redeia, Sonepar Spain, Star madrid, The Adecco Group, Trigo Adr Iberia, Universidad Carlos III de Madrid, Uría Menéndez Abogados, Verallia y Worldline iberia.
La conclusión de la jornada fue que las estrategias de Diversidad, Equidad e Inclusión deben alinearse con los valores democráticos, el respeto a la pluralidad y la ética empresarial. Pero en este momento, marcado por una intensa batalla cultural, las empresas y sus líderes tienen la responsabilidad de actuar con un propósito firme, orientado al bien común y a enfrentar los grandes retos para el desarrollo humano y social a los que se enfrenta España y Europa.
PRNoticias conversa con Pablo García, DIRCOM de la Fundación Adecco y miembro del equipo operativo de la Alianza #CEOPorLaDiversidad. Su visión es importante para despejar esta y otras dudas, legítimas y útiles, en este momento caracterizado por la necesidad de proteger los valores democráticos y sortear la incertidumbre política.
En un entorno de creciente polarización ideológica, ¿cómo pueden las empresas gestionar sus estrategias de DEI sin caer en la controversia o el rechazo de ciertos sectores?
Desde hace años venimos alertando de influencias ideológicos y políticas en el ámbito empresarial que han embarrado el terreno y dificultado el avance con visiones universales. En el ámbito empresarial no hay más ideología que los valores democráticos, la pluralidad de la sociedad española y el bien común. Necesitamos un liderazgo ético en el ámbito empresarial que genere confianza y que reduzca el ruido ideológico. Además, necesitamos estrategias más creíbles, que entiendan y den respuesta a los desafíos, retos y problemas reales de las personas y de la sociedad española. Hablamos de desigualdad, de exclusión social, de envejecimiento de la sociedad española, de despoblación del medio rural, de discriminación, violencia y delitos de odio, de retos migratorios, de escasez de talento, de precariedad laboral, acceso a la vivienda… De esto van las estrategias de DEI, de dar respuesta y abordar los grandes retos para el desarrollo humano y social, para mejorar la competitividad empresarial y asegurar el Estado de Bienestar.
La conclusión de la jornada señala la necesidad de alinear la DEI con valores democráticos. ¿Qué papel deben jugar las empresas en la promoción de estos valores y cómo pueden hacerlo de manera efectiva?
Debemos proteger los valores democráticos de España y fundacionales de Europa, porque son parte fundamental del capital espiritual de nuestra cultura y también de nuestras empresas, que han nacido en el seno de las democracias liberales. Estos valores configuran nuestro Estado de Bienestar que son parte de la identidad de Europa.
¿De qué valores hablamos?
La Constitución Española de 1978 se asienta sobre valores que guían la organización del Estado y la convivencia social: la libertad, justicia, igualdad, solidaridad, pluralismo político, dignidad de la persona y el respeto de los derechos fundamentales y a las libertades públicas. En un momento de debilitamiento y deterioro de las democracias liberales y de retroceso de las libertades democráticas, la sociedad civil y las empresas tenemos que ser garantes de estos valores. En las empresas debemos hacerlo mediante liderazgo, ética y políticas empresariales que aseguren la defensa de los derechos humanos fundamentales, la eliminación de brechas sociales y corporativas, la igualdad de oportunidades y la inclusión laboral de las personas más vulnerables de nuestra sociedad. En definitiva, mediante estrategias de diversidad, equidad e inclusión de alto impacto social y valor corporativo. Las empresas deben dar respuesta a los principales retos para el desarrollo humano y social. De esta manera estarán defendiendo los valores democráticos.
¿Debería haber una mayor regulación en materia de DEI en el ámbito empresarial o es preferible que las empresas actúen de manera voluntaria?
En Europa se están viviendo cambios regulatorios y se espera cierta flexibilidad. La regulación juega y ha jugado un papel relevante para avanzar en materia de igualdad e inclusión en el ámbito empresarial en los últimos 40 años, sin embargo, con una sociedad más madura y comprometida, es necesario actuar en un marco regulatorio que sea sostenible y que no impacte en la competitividad empresarial. Por lo tanto, debemos tender a un modelo combinado en el que exista un marco regulatorio de referencia con estándares mínimos y una acción y estrategia voluntaria que contribuya a la excelencia y competitividad empresarial. Creo que tenemos la oportunidad de equilibrar el modelo, despolitizarlo y asegurar un impacto social positivo y una ventaja que fortalezca a las empresas europeas.
En un momento en el que las estrategias de DEI pueden generar tanto apoyo como rechazo, ¿cómo deben las empresas comunicar sus iniciativas sin que estas se perciban como posicionamientos políticos?
Lo primero que debemos preguntarnos es quiénes somos y en quiénes queremos convertirnos. Esta pregunta es compleja de responder en un contexto de extrema incertidumbre, pero debe ser la base para construir el futuro de nuestras empresas. Algunas están retirando su compromiso por miedo a reacciones que generen un impacto financiero. Creemos que es el momento de la verdad para las empresas es el momento de actuar con propósito real. Hemos vivido años de sobreactuación en materia de diversidad y es el momento de equilibrar nuestra visión y modelos, pero, sobre todo, de convencer con iniciativas que realmente impacten en el bienestar de las personas y de la sociedad.
¿Qué hace falta para lograrlo?
Para ello, es necesario liderazgo y cultura, es decir, necesitamos grandes lideres que sepan entender los cambios demográficos, tecnológicos, medioambientales y geopolíticos a los que nos enfrentamos, que trasladen esperanza a la sociedad en un momento de gran incertidumbre, que sepan inspirar y defender los grandes desafíos actuales desde la ejemplaridad e integridad. Necesitamos un liderazgo fuerte que genere confianza. Por otro lado, necesitamos proteger los valores e identidad de nuestra cultura. Si perdemos nuestra identidad y no trabajamos en Europa con unidad, desaparecerá todo cuanto hemos construido durante siglos.
¿Hasta qué punto la colaboración entre el sector público y privado puede contribuir a una implementación más efectiva de las estrategias de DEI? ¿Qué ejemplos de colaboración destacaría?
La colaboración entre el sector público y privado sigue estando marcado por tensiones ideológicas, pero creemos que pueden ser muy efectivas y favorecer la innovación en materia de diversidad, equidad e inclusión. Mediante esta colaboración se aprovecha el conocimiento, los recursos y la experiencia de ambas partes para crear un impacto significativo. En materia de inclusión sociolaboral es muy habitual trabajar formatos colaborativos con los servicios sociales, derivando a personas con riesgos psicosociales que identifican en su intervención y que son derivados a través del trabajo en red entre administraciones públicas, tejido asociativo y empresas privadas. De esta manera aseguramos alcanzar la plena inclusión de manera sostenible.
¿Cómo influyen las políticas de DEI en la competitividad y reputación internacional de las empresas españolas?
Estamos en un momento de gran incertidumbre en el que se está atacando frontalmente las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) y la sostenibilidad en el ámbito empresarial. Hasta hace unos meses todas las empresas fortalecían sus estrategias de DEI de manera decidida, pero actualmente vivimos un momento en el que las piezas se están recolocando y no sabemos cómo quedará el tablero de juego. De cualquier forma, a pesar del contexto político internacional, los avances en sostenibilidad, igualdad e inclusión son irreversibles y no creemos que sea posible dar marcha atrás de manera definitiva. Asimismo, creemos que puede ser una oportunidad para reequilibrar las estrategias de DEI.
¿Es un factor decisivo para la inversión extranjera?
Grandes inversores institucionales habían integrado en sus criterios de inversión la apuesta por la sostenibilidad y la diversidad, pero actualmente algunos han retirado esta apuesta y otros esperan a que exista mayor certidumbre política.
Más allá de la implementación, ¿cómo pueden las empresas medir el impacto real de sus políticas de DEI en la organización y la sociedad?
Es fundamental tener un buen sistema de indicadores (KPI) en toda estrategia de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) que nos permita inicialmente identificar y medir las principales brechas sociales y corporativas, priorizar y tomar decisiones. Una vez que hemos definido líneas de actuación, tendremos que establecer unos objetivos (OKR) en el medio-largo plazo y planes de acción para alcanzarlos. Por ejemplo, identificamos que una empresa tiene solo un 0,8% de personas con discapacidad (KPI) y su objetivo es alcanzar el 2% que marca la Ley General de Discapacidad en los próximos 3 años (OKR) mediante un plan de inclusión laboral de personas con discapacidad.
¿Cómo evolucionará la relación entre diversidad, equidad e inclusión y el ámbito de los asuntos públicos en España?
Vivimos un momento difícil en el que tomar decisiones sobre estos temas es extremadamente complejo. Sin embargo, somos optimistas. Hay que lanzar un mensaje de unidad y esperanza a pesar de la incertidumbre que vivimos. La sociedad lo necesita. Tenemos que seguir defendiendo el Estado de Bienestar y protegiendo nuestro sistema democrático y sus valores para asegurar un futuro próspero para las nuevas generaciones. Si no actuamos desde las empresas con estos valores y abandonamos el camino que nos conduce a reducir desigualdades, exclusión social, discriminación y pobreza, perderemos competitividad, se incrementará la conflictividad y, lo que es peor, se verá afectado nuestro capital espiritual y nuestra identidad como sociedad y como empresas. Si, por el contrario, actuamos desde la sociedad civil, desde el Estado y desde las empresas privadas con unidad y con sentido de propósito para hacer frente a los grandes desafíos a los que nos enfrentamos, saldremos reforzados como sociedad y como empresas.
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