El curso 2024-2025 será tan recordado en Kreab como el de 2020-2021, cuando una de sus fundadoras, Carmen Basagoiti, rompió con el ‘cerebro’ de la consultora, Eugenio Martínez Bravo, para terminar recalando en la competencia como presidenta de Harmon. Pero, en esta ocasión, el daño en imagen, a pesar de los intentos de cortafuego, ha sido mayor todavía.
Y es que 2025 ha venido con dos serios mazazos en reputación para Kreab. El primero, con la salida de uno de sus asesores estrella, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, que llevaba más de una década ejerciendo como tal para la consultora. El final de la relación fue presentado como el punto y final lógico a una relación que se había venido diluyendo. Y hasta cierto punto, así era. Pero la verdadera causa había que buscarla en las vinculaciones de Zapatero con China y la Venezuela bolivariana.
Porque, desde luego, a medida que Zapatero se ha ido convirtiendo, personalmente, en un lobista por cuenta propia, ya no le era necesaria la colaboración con Kreab, aseguran fuentes del sector de los asuntos públicos. El distanciamiento fue cada vez mayor y también contribuyó, según parece, la entrada en liza de otros actores de esta rama de negocio.
La segunda llegó hace poco menos de un mes, cuando un juzgado de Tarragona acabó empurando a buena parte de la cúpula del Ministerio de Hacienda con Mariano Rajoy, comenzando por Cristóbal Montoro y siguiendo, entre otros, con su exsecretario de Hacienda, Miguel Ferre.
Casualidades de la vida, Ferre -con ese gusto tan rimbombante de ciertos ámbitos del sector por los nombres ingleses- ejercía como ‘senior partner’ de asuntos públicos de Kreab. Su fichaje, en su momento, fue ‘vendido’ a bombo y platillo, aunque en la consultora tuvieron la percepción de que el susodicho no levantaba precisamente simpatías. No obstante, siguieron con él a cuestas hasta que detonó el ‘affaire Montoro’ y hubo que acompañar a Ferre hasta la puerta de salida, esbozando un comunicado con alusiones a la presunción de inocencia y tal. Suponemos que enviado mientras Ferre todavía se encontraba en el felpudo de la puerta de salida de Kreab.
El roto no ha sido minúsculo y, a mayores, el de Ferre ha generado mucha más marejada que el de Zapatero, a pesar de la asimetría entre uno y otro. Una marejada que se ha estrellado contra la nave de Kreab.
¿Expolíticos o abridores de puertas?
En los últimos años, la tendencia general de Kreab en España ha sido la de ‘pescar’ en las aguas de los ex de la política y de manera transversal. Desde el exministro de Justicia del PP Rafael Catalá -figura en su web también como ‘senior advisor’ y eso que un informe de los Mossos le vincula con el Equipo Económico de Montoro a través de un contrato con Codere, aunque por el momento no hay imputación- al socialista José Bono, al que se vincula con la influencia marroquí en España, mansión en Tánger incluida. También recaló por allí Juan Moscoso, vástago del recientemente fallecido ministro Javier Moscoso, conocido por haber ejercido una buena parte de su carrera en la política de la mano del PSOE.
Otros fichajes de políticos no terminaron bien. Fue el caso del socialista Eduardo Madina, que no sólo acabó cogiendo la puerta, sino que lo hizo para terminar en Harmon, pasándose a Basagoiti. O el del atrabiliario Durán i Lleida, que prefirió recalar en la patronal de supermercados Asedas para sorpresa de de muchos. Incluso le echaron el anzuelo a Xavier Cima, diputado convergente y, en el momento de su fichaje, marido de la líder de Ciudadanos Inés Arrimadas.
Una política de captación que se atribuye al ‘padre’ de Kreab en España, Eugenio Martínez Bravo, diluido ahora en una tinta de calamar cuajada de ‘managing partners’, ‘partners’ a secas, ‘heads of offices’ y demás jerga y presentado como responsable de Crecimiento y Expansión de Kreab Worldwide.
No deja de ser llamativo el tino de Martínez Bravo con algunos de sus fichajes o el hecho de que la fidelización de los mismos haya sido relativa. El expromotor de la Plataforma Blanca que intentó enfrentarse a Florentino Pérez por la presidencia del Real Madrid -dicen que es una de sus espinas más clavadas, la del equipo blanco, y eso le lleva incluso a ser carne de cañón para algunas plumas de cierta tribu del ‘antiflorentinismo’ mediático-, no parece terminar de dar con la tecla.
Ya le pasó con su aventura madridista, cuando no logró los casi 60 millones de euros de euros que se exigían como aval. Y eso que, hoy en día, se presenta como poseedor de una “amplia red de contactos en la comunidad inversora”. Cosas que pasan. Al fin y al cabo, como dicen en Kreab, ‘not much, not too little, just right’.
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