En la Tierra a martes, enero 20, 2026

VEINTICINCO MILLONES DE DÓLARES POR EL MINISTRO DEL INTERIOR, JUSTICIA Y PAZ

Diosdado Cabello, su clan o el precio de la traición

‘EL CARTEL DE LOS SOLES FUE UNA CREACIÓN DE LA DEA DE LOS AÑOS 90’

No todos los días uno se sienta a saludar a la persona que encabeza la lista de mayores recompensas por información que conduzca a su arresto -con sonrisa protocolaria y un guayoyo (café aguado)-. Diosdado Cabello tiene el mismo precio que Dawood Ibrahim, terrorista indú y cerebro de los atentados de Bombay. A diez millones de ellos están su pana, Vladimir Padrino, y el Mencho, fundador y líder del Cártel de Jalisco. Veinticinco millones de dólares, para ser exactos, es lo que vale la cabeza del ministro del Interior. El apretón de manos, confieso, se siente caro. Y un poco eléctrico. Más cuando Reuters afirma que hoy se cumple un año, desde que el hombre a cargo de los servicios de seguridad entrara en contacto con agentes estadounidenses.

Buenos días, Ministro. Nunca he entrevistado a nadie cuya cabeza valiera 25 millones de dólares.

Mira, pana, eso es una mala propaganda, una valoración absurda. Una cabeza vale por sus ideas, no por lo que digan esos mamagüevos de los gringos. Hace unos días la cabeza del presidente valía el doble que la mía, y hace un año la mía valía 15 millones menos. La cabeza de un bolivariano no tiene precio, y no será traicionado por otro, por mucho que ese chamo pueda estar en la olla. Esas valoraciones son pendejadas yankis.

Usted está nombrado en la misma acusación de narcotráfico que la administración Trump utilizó para secuestrar a Maduro, pero usted se fue de rositas. Los servicios de seguridad, bajo su supervisión, no intervinieron durante la operación.

Eso son chismes de gusanos hijoeputas. Yo soy la encarnación de la ortodoxia chavista, y aquí nadie se quedó mirando al techo. Del Libertador aprendí que a veces la fuerza es no disparar, y a veces la orden es aguantar el chaparrón. El pueblo revolucionario entiende mucho más de lo que esos intoxicadores se creen.

En unos días ha excarcelado usted a un centenar de presos políticos. ¿Son las primeras exigencias de Donald Trump al gobierno de Delcy?

¡Agarra esa empanada! Esas informaciones son tendenciosas. Las excarcelaciones son parte de una orden que dio el presidente Maduro antes de su secuestro. Además, la cifra es incorrecta. No es un centenar, son cuatro centenares de traidores que he puesto en la calle, y esto ha sido de forma y manera unilateral. En mis decisiones nada tienen que ver los gringos.

En buena lógica política, usted era el heredero indiscutible del movimiento. ¿Se considera hoy la “opción B” frente a Delcy Rodríguez?
¿Opción B? Aquí no hay abecedarios, hay procesos. Delcy es una cuadro firme, y yo soy un cuadro firme. La revolución no es un casting de reality, chico.

¿Qué opina de la visita de John Ratcliffe, director de la CIA, a Venezuela?

Yo opino que cuando vienen tanto, algo quieren. Y cuando algo quieren, uno se sienta, escucha… y cobra el café. Habrá un levantamiento de sanciones, una gestión económica, digámosle, tutelada desde Washington. Habrá grandes inversiones en la infraestructura petrolera, y esto será bueno para la Revolución. Llámelo usted diplomacia, si quiere.

Usted, desde ‘Con el Mazo Dando’, ha venido marcando durante años la línea dura del régimen. ¿Cómo piensa dirigir una transición?

Transición no es rendición. La disciplina también sabe cambiar de camisa sin dejar de ser la misma persona. Uno puede aflojar el nudo sin quitarse la corbata.

¿Cree que tiene capacidad para sobrevivir políticamente sin el visto bueno de los americanos?

Sobrevivir es una palabra rara. Yo prefiero “administrar la realidad”. Si ellos quieren hablar, se habla. Si no, también se gobierna. Aquí no vivimos pidiendo permiso para respirar.

Para buena parte de la ciudadanía, ¿usted representa la mayor amenaza al liderazgo de Delcy Rodríguez?

Eso lo dicen los opinadores. Yo no amenazo a nadie. Camino. Y el que camina hace sombra, inevitablemente.

¿Qué le parece que hayan apartado a Alex Saab, aquella estrella revolucionaria atrapada por el FBI en Cabo Verde?

Las estrellas a veces se apagan solas. El proceso sigue. Aquí nadie es imprescindible, aunque algunos se lo crean.

Nueva pregunta inevitable: ¿influyó el cáncer de próstata que padece Vladimir Padrino López en la decisión del Ejército de no intervenir ante la invasión americana?

La salud de un hombre no define a una institución. Padrino es un soldado, con todo lo humano que eso implica. Las decisiones no se toman en un quirófano, se toman en colectivo. Aunque aquí cada uno mee con la suya, el que busque un diagnóstico médico para explicar la geopolítica, está leyendo mal el expediente.

El Departamento de Justicia de EE.UU. Ha eliminado la referencia a Maduro como líder del Cártel de los Soles. Lo que antes se consideraba grupo terrorista, ahora es considerado un sistema clientelista, ¿qué piensa usted de este giro de guión?

Eso siempre me da risa, pana. ¡Qué molleja! El Cartel de los Soles fue una creación de la DEA en los años 90. Un concepto útil para informes y titulares. Primero lo inventan, luego dicen que no existe. Es como negar un fantasma después de asustar al barrio entero. Yo no tengo ningún miedo.

¿Cómo ve la remodelación del gobierno que impulsa Delcy?

Como una poda necesaria. El árbol crece mejor cuando se le quitan las ramas secas. Y el fruto, ya tú sabes, se recoge en temporada.

¿Qué opinión le merece el papel de María Corina Machado regalándole el Nobel a Donald Trump, y su frase de que Delcy “está haciendo el trabajo sucio”?

‘María Gorrina’ es un show. El premio es otro show. Ha quedado como lo que es: una indigna que ha avergonzado a todos los venezolanos, porque ser venezolano no consiste en tener un pasaporte. Ser venezolano es un sentimiento: el sentimiento de Simón Bolívar. Aquí el Nobel se gana sembrando escuelas, no hashtags. Y lo del “trabajo sucio”… bueno, alguien tiene que limpiar después de la fiesta.

Última: ¿la vuelta de Superbigote a Venezuela es cuestión de tiempo o no volverá nunca?

En política, ‘nunca’ puede durar poco. El que se fue sabe el camino de regreso. Quien se encarga del proceso es Nicolasito (el hijo de Maduro). Tanto Nicolás como Cilia llevan el espíritu de Bolívar. Son revolucionarios dispuestos a dar su vida, o, lo que es igual, su tiempo por la Patria. Otra cosa es cuándo convenga abrir la puerta. Nadie dijo que fuera fácil ser mártir de la revolución.

Cierro la libreta. El café se enfrió. El apretón de manos, no. Afuera, Caracas sigue con su ruido hermoso y contradictorio. Adentro, la ironía cumple su función: preguntar sin creer del todo, escuchar sin asentir siempre. Porque en este país, pana, la verdad suele llegar tarde… pero cuando llega, llega con escolta.

José Antonio Rulfo.
Corregida y aumentada con AI.

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