En la Tierra a lunes, enero 26, 2026

¡TODOS SEMOS BORO!

A uno de mis ‘pequeños’ le retiramos el chupete demasiado pronto. Esto crea en el cerebro, no se lo pregunté a Cabrera, porque seguro que no era verdad, incomprensión, falta de tranquilidad y mal crecimiento y desarrollo neuro/infantil… Pero sí, crea una necesidad de unir esa boca de bebé, con labio preparado para la mamadera, que cualquier cosa parecida a calor y pezón, les puede servir y contentar en su desconsuelo…

BORO era un peluche de mapache de color blanco, al que tuvo la madre y costureras al uso, incluyendo la gran creadora de contenidos, Chirli, que recoser la nariz, que el ‘enano’ utilizaba como chupete, hasta que ya no había forma. Nos fuimos de vacaciones, mi pequeño iba sin su BORO y lo pasaba mal. Al pronto, me paré en cien tiendas para buscar un nuevo BORO, pero no había, no existía, nunca habían visto un BORO. Ante el atolladero, decidí comprar uno parecido, de color marrón al que llamamos BORO, pero el bebé se dio cuenta y hubo que decirle que había estado en la playa tomando el sol. Le llamó Bitch, sin t, y no sé en honor a qué… BORO estaba dentro de BIch y todo quedaba perfectamente atado y bien atado … jajajajajaja…

A la cabeza me viene EXCALIBUR, un perro que tuvo ébola, al que la malvada Espermática Aguirre decidió que había que sacrificar para evitar una posible pandemia… La historia de EXCALIBUR, como la de la caca del lince ibérico que rondaba la zona de los pantanos… Un puto montaje de cuatro putas locas con los pelos mordidos y mucha subvención que justificar.

BORO, EXCALIBUR, LAIKA, ROMEO SANTOS, CARBÓN, SÁNCHES, Y MIJUANA… Son perros a los que amamos y que tienen fecha de caducidad, como cualquier ser vivo… Es una broma de mal gusto comparar la importancia de un animal, por importante que sea, con la pérdida de un ser humano. La cosificación es MALA, la personificación de los animales de compañía es de anormales sin espíritu, ni miras, ni respeto hacia su propia dignidad y especie. Un perro, un gato, un canario o una serpiente son animales. Un negro, un gitano, un moro… son seres humanos. No hay que confundir, ni intentar confundir a los demás…

Hace unos días la sociedad española ha vivido uno de sus mayores fracasos: ‘Un tren, dos trenes’… y un resultado que deja 45 muertos en un inexplicable accidente, sin alma, sin razón, ¡de locura!… Y la sociedad, esta sociedad que cada día se entera más de lo que pasa, mira hacia una familia destrozada por el accidente, que ha perdido a BORO en el vagón, un perro con más alma e importancia que las que quedaron en las vías. ¡Nos lo tenemos que hacer ver! como sociedad estamos asomados a un precipicio, al que todos, como ‘ñus’, queremos ir a los brazos del cocodrilo liberador.

La política y los políticos han demostrado de lo que son capaces ante una desgracia como la vivida… como las olvidadas de la Dana, el Volcán de la Palma, el terremoto de Murcia, el COVID, el Apagón… ¿Hasta cuándo? la respuesta está en los próximos capítulos, está por escribir y los personajes de la obra de teatro están elegidos: ‘los que darán la función y los que acabarán en una jabonera’… ¡No huele bien!

Y, puestos a humanizar, luego está BORO, que quiso ser bandolero en Sierra Morena, a imagen y semejanza del legendario Rubio de Espera, que alcanzó la fama por su habilidad en la evasión. Allí buscó refugio entre encinas, alcornoques, quejigos, jaras y madroños; entre pinares de pino piñonero y carrasco, junto a olivares donde, por primera vez en su existencia, saboreó la libertad.

BORO, el gran BORO, cambió el pienso industrial por liebres y ratones de campo, mientras afinaba el ojo: algún ciervo, quizá un lince, numerosos jabalíes y, con asombro casi místico, el vuelo de las águilas reales y los buitres leonados.

Liberado, por fin, de la prisión de un piso patera y de una dueña-ama que lo somete a un estricto régimen de salidas, allí anduvo el bandolero, escondiéndose de la Guardia Civil, del PACMA y de todos los humanoides que acabaron arruinándole la fiesta…

Y lo hicieron sin el menor miramiento: como si fuera un Pipi Estrada cualquiera, lo engañaron con una perra en celo que despertó su instinto más básico, para no dejarle otro consuelo que acabar lamiéndose el cipote.

Menuda putada, amigo.

Después de una larga vida, vivida en un monasterio, alejado del mundanal ruído, entre incunables y con ese olor a humedad. Después de llevar miles de experiencias, vividas, recordadas… Su aroma, su aire al lado nuestro… Y, me asalta una pregunta: Ponerle a BORO la trampa de una perra en celo, ¿es maltrato animal?

¡TODOS SEMOS BORO!

¡TODOS SEMOS GILPOLLAS|

José Antonio Rulfo.

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