En la Tierra a viernes, enero 30, 2026

MAMÁ QUIERO SER ARTISTA O SINDICALISTA

Las viejas creyentes, conocidas popularmente como beatas, y de las que cada vez quedan menos, hacen fila en la puerta de la iglesia de Jesús de Medinaceli -Barrio de las Letras, Plaza de Jesús, 2-.

El día grande de su Cristo, las colas dan vueltas y vueltas y, las señoras de velo en calva se escandalizan, cuando pasan por delante de la sede de los sindicalistas y ven cómo están el cien por cien, de las plazas reservadas para sus utilitarios, llenas de coches de altísima gama, no diré marcas, pero están en la cabeza y los sueños de todos los currelas. “Si dudas pasea, llegarás a la avenida de América y allí están sus hermanos de intereses e intenciones” -dice el conde de Paiporta-.

Estas mujeres -que existen desde la niñez de mi tatara abuelo-, Venancia Lengüeta, la Vieja al Visillo del maestro José Mota, sería la mejor definición de los seres al uso, que se colifican unas detrás de otras, para contarse sus duelos, quebrantos, dolores y frustraciones, todas van por algún motivo que lo justifica: la enfermedad de un hermano, la pérdida de un marido, hijo, madre… Y se tienen que enfrentar a las prisas de los que salen a sesudas reuniones, para ponerse al frente de los problemas de la sociedad. ¡Tienen que llegar antes a la marisquería!… ¡que las gambas se acaban las primeras!… Me cuenta un cachondo, que entró de palomo en un banco y se quedó de sindicalista, y que lleva 40 años y ha ido a trabajar 2 en total, dos días, el que fue a que le viesen y cuando fue a hacerse el chequeo -como los del furgol-, que uno de los suyos lleva el táper -como Antoñito y sus vitaldentadas- a las comidas y una bolsa isotérmica, para o por, lo que pueda caer. Eso sí, lo reparte entre los que más lo necesitan: los que cobran cantidades indecentes, por abollar el culo de un sillón de piel y que se han tenido que quedar sin comer, por la preocupación que les genera la escasez de rinocerontes…

Los SINDICATOS deben estar en la revisión de nuestra nueva sociedad, porque son como la mierda de pavo que ni huele ni sabe… Hoy, los chavales de 40, que son los de 20 de hace… -jajajjajajajaja…- no creen en los sindicatos, no se afilian, bueno nunca se ha afiliado nadie que no quisiese una vida: tranquila, pagada y, a costa del sudor de los que dicen representar. Hoy, estos chicos han dejado, una vez más, a la sociedad con el culo al aire, y pasan de acabar con todas las mafias que nos rodean: las de trata de personas, la regularización de horarios, la de los trenes… tendrán que inventar algo que justifique su desidia… ya comienzan a engrasar las pancartas ante la llegada de la extrema derecha al poder. ‘Hay que calentar motores’ me dice mi interlocutor, mientras se atraganta con una ostra picorosa. A mi amigo Blas Herrero, como nadie le saludaba en Horcher, pidió una docena de ostras y cuando tomó la segunda aullaba como lobo asturianín… ¡leche, un vaso de leche!… Los demás siguieron a lo suyo filete en mano…

Me marcho a ver si soy capaz de entender todo lo que pone encima de estas palabras.

pedro de aparicio y pérez de Lucentis

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