En la Tierra a viernes, febrero 13, 2026

ESTAMOS ASISTIENDO A UN NUEVO ORDEN MUNDIAL, UN MUNDO “POST-REGLAS”

Primer año de Trump (II): “Más predecible en su imprevisibilidad: ya sabemos que EE. UU. actuará de forma unilateral”

PRNOTICIAS CONVERSA CON JAVIER CORRALES, DIRECTOR DE PUBLIC AFFAIRS EN GRAYLING ESPAÑA

“Como vaticiné en este medio, se ha confirmado el fin del “siglo americano” basado en el orden liberal; Washington ya no busca liderar el sistema, sino cobrarle por sus servicios de seguridad”

Hace un año, Donald Trump tomaba posesión como 47º presidente de Estados Unidos en un Washington DC bajo cero grados, pero con un impacto abrasador en los mercados globales y los despachos de Asuntos Públicos. Gobiernos, multinacionales, consultoras y lobbies diseccionaban cada gesto y proclama de su discurso, aguardando con cautela las proyecciones de una legislatura llamada a ser un torbellino impredecible. Doce meses después, llega la hora del balance.

El empuje del Make America Great Again (MAGA) ha disparado este año la actividad de los expertos en influencia política. En PRNoticias, conversamos con uno de sus referentes en España: Javier Corrales, director de Public Affairs en Grayling España. Hace un año, advertía que nuestro país no era —ni sería— prioridad estratégica para Washington bajo la nueva administración Trump, culpa de la “indefinición geopolítica” española y la postura del Ejecutivo en Oriente Medio, Venezuela y Cuba. Hoy, ratifica parte de aquellas tesis y alerta sobre nuevos riesgos en el tablero.

Hace justo un año hablaba de “incertidumbre e inquietud” como rasgos constantes de la nueva legislatura de Trump. Tras doce meses de mandato, ¿diría que esa incertidumbre se ha confirmado o, por el contrario, el escenario es hoy más predecible?

La incertidumbre no se ha disipado, se ha institucionalizado. Hoy es el método de gobierno. Trump ha sustituido la diplomacia de reglas por una “diplomacia de transacciones”. En 2025 ha consolidado la “Doctrina Donroe”: una evolución del Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe. Si en 1823 el lema era “América para los americanos” frente a Europa, el “Corolario Trump” establece que EE. UU. no permitirá influencia externa —ni de China ni de instituciones globalistas— en su hemisferio, priorizando el control sobre activos estratégicos y minerales críticos. Este retorno a las esferas de influencia marca el fin del multilateralismo tal como lo conocíamos.

El escenario es, paradójicamente, más predecible en su imprevisibilidad: ya sabemos que Estados Unidos actuará de forma unilateral. Como vaticiné en este medio, se ha confirmado el fin del “siglo americano” basado en el orden liberal; Washington ya no busca liderar el sistema, sino cobrarle por sus servicios de seguridad.

En 2025 señalaba que las relaciones comerciales entre EE. UU. y la UE, y en particular con España, serían uno de los principales focos de preocupación. ¿Cómo valora hoy el estado de esas relaciones tras el primer año de gobierno?

Si 2024 fue el año de las advertencias, 2025 ha sido el del choque de realidad. La administración Trump ha cumplido su amenaza de tratar a la UE más como un competidor que como un aliado. Para España, esto ha supuesto un enfriamiento en sectores clave.

Según las proyecciones de cierre de 2025, el déficit comercial se ha tensionado notablemente rozando los 51.500 millones de euros, impactado por el coste de la energía. En este escenario, la exposición de nuestras empresas es masiva: casi el 80% de nuestras exportaciones a EE. UU. —unos 15.000 millones de euros— se encuentran hoy bajo el paraguas de la nueva presión arancelaria, con sectores bandera como el agroalimentario afrontando riesgos que, solo en el caso del aceite de oliva, superan los 1.000 millones de euros.

La desconexión comercial no es total, pero la confianza se ha quebrado. Un think-tank de referencia en la UE como Friends of Europe destaca con acierto que la UE ha pasado de la sorpresa a una “autonomía estratégica reactiva”, intentando proteger sus intereses sin romper puentes definitivos, una postura de equilibrio muy precaria para nuestra economía.

Advertía entonces del riesgo de un aumento de medidas proteccionistas y de aranceles. ¿Qué impacto real han tenido las decisiones comerciales de la administración Trump en las empresas españolas durante este primer año?

Trump usa los aranceles como leverage (apalancamiento): no busca el aislamiento total, sino “apretar sin ahogar” para forzar concesiones o sustituir el impuesto sobre la renta por ingresos aduaneros, un modelo que recuerda a la economía del siglo XIX.

El impacto es una táctica de goteo (como el baseline del 15% a las exportaciones europeas). Metal, perfumes, sector aeroespacial y aceite de oliva están en el ojo del huracán. Sin embargo, el mayor daño es la parálisis de la inversión por inseguridad jurídica. Las empresas han aprendido que la eficiencia competitiva puede ser anulada de un plumazo por una orden ejecutiva.

Mencionaba la política “autárquica” y el enfoque America First como uno de los grandes interrogantes. ¿Hasta qué punto cree que esa visión ha marcado la agenda internacional de Estados Unidos?

La nueva política de los EE.UU. utiliza el acceso al mercado estadounidense como un arma de negociación política (el caso de la presión comercial vinculada a la soberanía de Groenlandia o el gasto en la OTAN son ejemplos extremos en 2025, y lo que llevamos de 2026). Un ejemplo paradigmático es el reciente acuerdo de Canadá con China: Ottawa ha reducido aranceles a vehículos eléctricos chinos al 6% a cambio de salida para sus productos agrícolas. Esto demuestra que el America First empuja incluso a sus vecinos a buscar alianzas alternativas, dejando a la UE vulnerable si no actúa como un bloque compacto.

Esto ha forzado a la UE a mirar hacia el Sur Global y Asia, acelerando una fragmentación comercial irreversible, y dejando a la UE en una posición de vulnerabilidad si no actúa como un bloque compacto ante la situación constante de tensión con EEUU.

Respecto a la energía, anticipó un giro frente a la economía verde y un mayor impulso a la energía nuclear. ¿Se han materializado estos cambios y cómo han afectado a los sectores energéticos europeos y españoles?

Se ha materializado un giro de 180 grados en la narrativa, aunque la realidad industrial es más lenta. Trump ha impulsado una “dominancia energética” basada en el gas natural licuado (GNL) y el petróleo, además de un renovado interés por la nuclear de nueva generación como alternativa “soberana”. Esto ha afectado a los sectores renovables españoles de dos formas: por un lado, ha encarecido los costes de componentes fotovoltaicos y eólicos producidos o exportados a EE.UU.

Por otro, ha obligado a Europa a acelerar su propia transición para no depender de un suministro estadounidense que ahora viene con condiciones políticas. España, como hub de renovables, está en una posición fuerte en Europa, pero debilitada en sus proyectos transatlánticos. Por un lado, para las empresas españolas, esto ha supuesto un freno a grandes proyectos eólicos en suelo estadounidense, aunque ha abierto una ventana de oportunidad inesperada en la exportación de servicios de ingeniería nuclear y gestión de redes, donde España sigue siendo un referente.

Otro de los puntos imprevisibles que destacaba era el debilitamiento del orden multilateral y de las organizaciones internacionales. ¿Ha observado una erosión real de estas instituciones durante el primer año de Trump?

La erosión es innegable; la OMC está en coma funcional. Asistimos a un mundo “post-reglas” donde EE. UU. impugna activamente las instituciones si no sirven a su interés inmediato. Estamos asistiendo a un nuevo orden mundial, un mundo “post-reglas”. El debilitamiento de los foros climáticos y de cooperación sanitaria internacional en este último año ha dejado a la UE como el último gran defensor de un multilateralismo que parece estar en retirada frente a la “ley del más fuerte” que defiende la actual administración.  

Su estrategia responde a una vuelta a la Realpolitik de grandes bloques, donde el mundo se divide entre Washington, Pekín y Moscú. En este “ajedrez de gigantes”, la Unión Europea corre el riesgo de quedar fuera de juego si se mantiene como un “bloque regulador” frente a “bloques de poder”. Trump prefiere tratar con una Europa desunida, un “conjunto de ladrillos” individuales en lugar de un interlocutor único. Esta visión margina a las instituciones multilaterales y obliga a países como España a elegir entre la lealtad a Bruselas o la supervivencia comercial bilateral con Washington.

Hace un año recomendaba a las empresas españolas reforzar sus relaciones con lobbies republicanos. ¿Ha sido esta estrategia clave en 2025 y qué errores deberían evitar ahora las compañías que quieran posicionarse en Estados Unidos?

Reforzar los lazos con los círculos republicanos – pero no con el viejo” republicanismo institucional que ya no está vigente – no ha sido solo una opción, sino una necesidad. Las empresas que mejor han navegado 2025 han sido aquellas que supieron presentar su actividad en EE.UU. no como “exportación extranjera”, sino como “creación de empleo americano”.

El Partido Republicano actual está totalmente alineado con el Trumpismo y las viejas redes de cortesía ya no funcionan. La estrategia debe ser local y transaccional. Hay que hablar el lenguaje de la administración: inversión en estados clave (swing states) y alineación con los objetivos de seguridad nacional de EE.UU. La ideología ha sido sustituida por el balance de resultados.

Seguiremos Informando…

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