Hoy arranca una nueva edición del Benidorm Fest. El certamen que RTVE convirtió en su gran apuesta musical invierno afronta en 2026 su semana decisiva en un contexto inédito: por primera vez no sirve como antesala de Eurovisión.
Durante cinco ediciones, el vínculo con el festival europeo ha sido el principal motor de atención del Benidorm Fest, tanto a nivel mediático como de audiencias. Su ruptura obliga ahora a la cadena pública a demostrar que el formato puede sostenerse por sí solo, sin el incentivo de elegir al representante español en Europa. Ese es el gran reto y la gran oportunidad de este año.
Las cifras del certamen reflejan una evolución irregular: tras el fenómeno inicial de 2022, el festival sufrió un fuerte ajuste en 2023 y ha ido recuperando terreno de forma progresiva en 2024 y 2025, especialmente en la final. Con estos antecedentes, la edición de este año se perfila como una prueba clave para medir hasta qué punto el Benidorm Fest ha logrado fidelizar a una audiencia propia, más allá del eurofan.
Para minimizar riesgos, la corporación ha desplegado una estrategia clara: reforzar la marca y blindar el escaparate televisivo. Y es que las tres galas vuelven a emitirse en prime time en La 1. La primera semifinal llega hoy, precedida por La Revuelta de David Broncano, mientras que la segunda se apoya en la fuerza del fútbol con una semifinal de Copa del Rey como telonera.
A esa estrategia se suma una inversión mayor. RTVE ha incrementado el presupuesto del Benidorm Fest hasta rozar los cuatro millones de euros, lo que se ha traducido en más promoción, mayor presencia de artistas y presentadores en otros espacios de la cadena y una difusión más intensa de las canciones en plataformas y programas de gran seguimiento. Sin Eurovisión, la televisión pública ha optado por concentrar todos los recursos en consolidar el festival como producto autónomo.
La incógnita sigue siendo el público. Mientras algunos temen que la desvinculación espante a parte de los espectadores ocasionales que seguían el festival solo por su conexión con Eurovisión, en RTVE confían en captar a otro perfil de audiencia, menos condicionado por el marco europeo y más interesado en un festival entendido como escaparate de músicos nacionales emergentes.
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