Érase que se era un director de informativos, eterno superviviente, a pesar de haber pasado por todos los proyectos del Mundo mundial.
Érase que se era un grupo de comunicación, donde la gente estaba tan quemada que empezaba a rajar lo más grande de ciertas prácticas toleradas en los años de atar los perros con longanizas.
Érase que se era una agencia de representación con lazos familiares con dicho responsable.
Érase que se era, casualidades de la vida, que esa agencia llevaba la representación de prácticamente todos los presentadores de los informativos de esa casa, hasta del (supuesto) baranda máximo.
Érase que se era que algunos expresaban dudas sobre si esa representación suponía tener mayor acceso a las grabaciones y menciones extra de publicidad (o sea, a incrementar el salario).
Érase que se era que algunos incluso apuntaban que la negativa a pasar por dicha agencia suponía un apartamiento de dichas menciones.
Érase que se era que algunos se preguntaban, maliciosos ellos, si la falta de promoción del susodicho y su permanencia se debía a su sueldo o a la necesidad de seguir ‘supervisando’ para facilitar la continuidad de los rostros en la agencia de marras.
¿Érase que se era o érase que se es?
Colorín, colorado, este cuento no ha terminado.
Seguiremos Intrigando…










