En la Tierra a martes, febrero 24, 2026

DE GSK

‘La espina invisible’, la campaña que sensibiliza sobre el herpes zóster a través de una rosa simbólica

CON MOTIVO DE LA SEMANA MUNDIAL DE CONCIENCIACIÓN SOBRE EL HERPES ZÓSTER, QUE SE CELEBRA DEL 23 DE FEBRERO AL 1 DE MARZO

“El problema es la alta probabilidad de persistencia y mantenimiento a lo largo de meses o años de dolor en la zona, de características neuropáticas, incluso neuralgia postherpética. Este dolor que, en algunos casos puede persistir tras la curación de las ampollas, se trata de una complicación muy incapacitante, especialmente en adultos mayores, y es uno de los cuadros de dolor más refractarios y complejos de tratar que vemos en consultas de las unidades de dolor”.

María Madariaga, presidenta de la Sociedad Española del Dolor

 

 

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En una rosa, solo vemos belleza, pero las espinas que la acompañan pueden causar un dolor punzante al entrar en contacto con la piel. De manera similar, el virus del herpes zóster permanece latente y, cuando se reactiva, puede llegar a desencadenar un dolor intenso, incapacitante e incluso prolongado en algunas personas, especialmente a partir de los 50 años y aquellas que tienen el sistema inmunitario comprometido. La aparición del virus suele ser impredecible, por lo que la campaña pone el foco en la importancia de concienciar y conocer la enfermedad.

Con motivo de la Semana Mundial de Concienciación sobre el Herpes Zóster, que se celebra del 23 de febrero al 1 de marzo, GSK ha lanzado ‘La espina invisible’, una campaña con la que pretende aumentar el conocimiento y la sensibilización sobre esta enfermedad. A modo de metáfora del herpes zóster, estas rosas simbólicas recalarán con información sobre los síntomas y complicaciones de esta patología en tres ciudades españolas: Valencia (24 de febrero), Madrid (25 de febrero) y Sevilla (26 de febrero).

El virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela, queda latente en el organismo pudiendo reactivarse años más tarde en forma de herpes zóster. Por este motivo, todas las personas que han pasado la varicela – más del 90% de la población adulta en España- está en riesgo de sufrir un herpes zóster. De hecho, se estima que una de cada tres personas de entre 50 y 90 años desarrollará esta enfermedad a lo largo de su vida.

A los 85 años, esta probabilidad aumenta a una de cada dos personas. Esto se debe a que el virus puede permanecer latente durante años o décadas en el organismo y activarse en cualquier momento de la vida, especialmente cuando el sistema inmunitario se debilita por el propio envejecimiento, porque se esté recibiendo un tratamiento inmunosupresor o se padezca una enfermedad crónica.

La Dra. María Madariaga, presidenta de la Sociedad Española del Dolor, explica que este virus puede provocar una enfermedad muy dolorosa a corto plazo, en los tres primeros meses, durante el herpes agudo o culebrilla.

“El problema es la alta probabilidad de persistencia y mantenimiento a lo largo de meses o años de dolor en la zona, de características neuropáticas, incluso neuralgia postherpética. Este dolor que, en algunos casos puede persistir tras la curación de las ampollas, se trata de una complicación muy incapacitante, especialmente en adultos mayores, y es uno de los cuadros de dolor más refractarios y complejos de tratar que vemos en consultas de las unidades de dolor”, afirma Madariaga.

Herpes zóster, un virus latente

Cuando el virus del herpes zóster se reactiva, los síntomas iniciales más comunes son picor, dolor localizado de tipo quemante o descargas eléctricas, habitualmente en el tórax, abdomen o cara a un solo lado del cuerpo, dolor de cabeza y malestar general que suelen durar entre uno y cinco días.

Transcurrido ese tiempo, empieza la fase aguda, en la que aparecen zonas enrojecidas en la piel y pequeñas ampollas con líquido que se agrupan formando racimos, acompañadas de un dolor punzante. La forma en la que aparecen las ampollas es la que da el nombre familiar de “culebrilla” al herpes zóster.

Al cabo de unos diez días, las vesículas dan lugar a costras que, normalmente, duran entre dos y cuatro semanas, desapareciendo con ellas los síntomas de la enfermedad. Sin embargo, en algunas personas el herpes zóster se puede complicar dando lugar a la neuralgia postherpética, un dolor que persiste después de que la erupción se haya curado y que puede prolongarse meses, o incluso años.

El dolor de la neuralgia postherpética puede ser espontáneo continuo, quemante urente y estímulos como corrientes de aire o el roce con la ropa pueden hacerlo más intenso. Este dolor suele caracterizarse por una importante afectación de la calidad de vida, dado que el dolor puede alterar el descanso, el humor e incluso las relaciones personales de quienes lo sufren. El 20% de los casos de neuralgia postherpética se presenta entre los 60-65 años y el 30%, por encima de los 80 años.

Otras complicaciones menos frecuentes del herpes zóster pueden ser: oftálmicas, que pueden resultar en una pérdida de visión o ceguera, óticas, como el Síndrome de Ramsay-Hunt, cardiovascularesinfecciones pulmonares o sobreinfecciones bacterianas de la piel7.

El impacto en la calidad de vida, motivo de preocupación para los mayores de 50 años

Las personas mayores de 50 años y con patologías crónicas tienen un mayor riesgo de sufrir las complicaciones del herpes zóster. Por ello, GSK ha realizado una encuesta entre más de 6.000 adultos por encima de esta edad en diez países (Australia, Austria, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Japón, Polonia y los Emiratos Árabes Unidos), con patologías como la diabetes, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal, asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Los resultados revelan que esta infección y su impacto en la calidad de vida es motivo de preocupación para esta franja de población, entre quienes también se detecta margen de mejora en la información sobre la enfermedad y su manejo.

En concreto, el 78 % de los adultos encuestados manifiesta preocupación por la alteración que pueden sufrir en su vida como consecuencia del herpes zóster. Sin embargo, más de la mitad de los participantes (54 %) reconoce que nunca ha iniciado una conversación sobre esta enfermedad con un profesional sanitario. Además, en relación con las patologías crónicas que presentan los encuestados, uno de cada cuatro (25 %) no cree (erróneamente) que éstas tengan un impacto en su sistema inmunitario ni en su riesgo de sufrir herpes zóster.

Entre quienes ya han padecido herpes zóster, el 42 % afirma que el dolor experimentado fue severo y alteró su día a día, y hasta un tercio asegura que este dolor les impidió realizar su trabajo o actividades cotidianas, como la asistencia a eventos sociales.

A la vista de estos datos, la directora médica de GSK España, María José Muñoz, asegura que “nuestro compromiso en esta Semana de Concienciación es dar visibilidad a una enfermedad que no siempre es bien conocida por la población, pero que puede causar mucho dolor a quienes la padecen, simbólicamente, como la espina de una rosa. De esta manera reforzamos nuestro compromiso con la divulgación en salud, y trabajamos de la mano de los profesionales sanitarios para seguir acercando el conocimiento y la concienciación sobre patologías como esta, que pueden afectar a una parte importante de la población”.

Seguiremos Informando…

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