En política, como en la sastrería, hay encargos que se hacen para salir del paso y otros que se piden con cinta métrica, alfileres y espejo de tres cuerpos. La encuesta que Francisco Camps ha encargado a NC Report —1.500 entrevistas realizadas entre el 2 y el 28 de febrero— no es un sondeo cualquiera. Es, en su relato, un traje a medida. Y esta vez, subraya, pagado de su bolsillo.
La metáfora no es casual. Durante años, Camps vistió trajes que otros le confeccionaban, algunos con sastres que luego resultaron no serlo, como aquel José Tomás que acabó convertido en símbolo incómodo de una etapa que marcó su trayectoria. Ahora el ex president quiere que nadie le tome las medidas. Se las toma él. Y presenta el patrón ante la prensa con un mensaje claro: el Partido Popular de la Comunitat Valenciana necesita probarse otra vez la prenda de la mayoría absoluta.
La encuesta —según explicó en comparecencia— dibuja un escenario preocupante para el PPCV: fuga de hasta nueve escaños hacia Vox. Una sangría que, en su diagnóstico, sólo puede taponar alguien capaz de movilizar a la militancia y reconquistar al votante que se ha ido a ese espacio político. Y ahí es donde Camps se reivindica como el único militante del PP que ha dicho públicamente que quiere ser candidato a la presidencia del partido y a la Generalitat Valenciana. “Ni un solo compañero lo ha dicho”, vino a reprochar.
La prenda que propone no es un simple apaño. Es un abrigo de invierno para todo el centro derecha valenciano. Camps sostiene que el ADN del PP es gobernar por mayoría absoluta. No salir a buscar apoyos después, no depender de terceros para completar la investidura. “Me duele que mi partido decrezca”, deslizó, como quien observa que el traje empieza a quedarle grande al heredero. En su planteamiento, el PP tiene la obligación de liderar todo ese espacio ideológico, sin complejos y sin fragmentaciones.
En ese espejo de sastre aparecen también los otros aspirantes potenciales. Frente a nombres como Llorca o Catalá, Camps se presenta como el único capaz de activar a militantes y afiliados. De ahí su insistencia en un congreso regional con la fórmula de “un militante, un voto”, con la aspiración de movilizar hasta 50.000 personas. Cuanta más participación, más legitimidad. Cuantos más votos internos, mejor ajuste del traje.
La crítica, sin citarlo, apuntó a la formación de Santiago Abascal. “Estamos frente a otro movimiento electoral del que no conocemos ni su estructura, ni sus líderes territoriales, ni su programa”, vino a decir. La incredulidad es casi teatral: ¿cómo es posible —plantea— que una fuerza sin la implantación histórica del PP se esté llevando tantos votos de un partido estructurado? Para Camps, quedarse de brazos cruzados ante ese fenómeno sería aceptar que el traje se deshilache sin intentar coserlo.
Hay en su discurso una apelación a Génova, a la dirección nacional del Partido Popular, para que desbloquee un congreso regional que sigue congelado. El mensaje es doble: sin debate interno no hay renovación real, y sin liderazgo claro no hay recuperación electoral. El sondeo, así, se convierte en herramienta y argumento. No es sólo una fotografía demoscópica; es el patrón sobre el que pide cortar la tela.
Camps carga hacia la derecha porque entiende que ahí está la hemorragia. Su tesis es que sólo alguien con credenciales firmes en ese espectro puede atraer de vuelta a los votantes que se han ido. No habla de pactos, habla de reconquista. De volver a ocupar el espacio natural del partido. De recuperar esa mayoría absoluta, que durante años fue sinónimo de estabilidad y poder institucional en la Comunitat Valenciana.
El traje, sin embargo, no es sólo electoral. Es también biográfico. Al afirmar que “pase lo que pase, votaré toda mi vida al PP”, Camps intenta coser su historia personal a la del partido de forma inseparable. Se presenta no como un aspirante circunstancial, sino como un militante permanente. Alguien que no concibe otro armario político. Queda por ver si el resto del partido considera que el corte propuesto es el adecuado. Si la tela aguanta. Si el electorado quiere volver a vestir el mismo estilo o prefiere otras modas. Pero lo que sí ha logrado Camps es algo esencial en cualquier pasarela política: colocarse en el centro del foco.
En última instancia, la encuesta de NC Report funciona como el espejo del probador. Camps se mira y asegura que el traje le queda bien. Que es el único que puede ajustarlo sin que apriete ni quede holgado. Que el PP valenciano necesita una prenda hecha a medida y no arreglos de última hora.
La pregunta que queda en el aire es si esta prenda “su misura” de la sastrería NC Report, no será como esos trajes que los tirasacos de la calle Espoz y Mina, del centro de Madrid, confeccionaban para los garrulos a los que enfrentaban al espejo mientras, agarrándoles por la espalda, ceñían la prenda y les decían: “le queda de maravilla, va usted hecho un pincel”.
José Antonio RULFO
con la inestimable colaboración de pedro de aparicio y pérez de Lucentis










