Hoy Julio Ariza se refugia en Vox. Hace y deshace a su antojo con Santiago Abascal como marioneta -bien pagada- haciendo suyo el hueco que ocupa la extrema derecha en nuestro país. Siempre tuvo claro lo que quería, pero hasta llegar a esta este entramado de poder e influencias, Julio ha dado muchos bandazos y se ha llevado a mucha gente por delante.
En los pasillos de la antigua Intereconomía se comentaba, cuando el barco comenzó a hacer aguas, que no se entendía por qué había fundado un medio de comunicación si lo que Julio Ariza quería de verdad era formar un partido político. En su primer intento fracasó -demostrado ha quedado el pufo de millones (más de 20) que le han permitido dejar pendientes de pago en Hacienda quien quiera que mande allí- y en el segundo, fracasará. Más tarde o más temprano, lo hará.
Pero comencemos por el principio. 2010 fue uno de los años más gloriosos para Ariza. Sus influencias y artimañas le sirvieron para convertir los dos primeros pisos de Castellana 36-38 su reino de la comunicación. Ni en Intereconomía televisión, ni en Radio Inter se decía una palabra que no quisiera Julio. No tardaba en sonar “el teléfono rojo” si eso pasaba para que luego se cortara la cabeza del redactor de turno responsable.
La mano que meció la cuna
Carlos Dávila, Jorge Bustos, Josep Pedrerol, Antonio Jiménez…Todos tienen en común algo: Julio Ariza los exprimió, los utilizó y, cuando llegó el momento, los dejó caer sin más miramiento que el desdén.
Los dos primeros fueron sus niños bonitos cuando La Gaceta era un periódico que se colaba de vez en cuando en los resúmenes de prensa. El primero en caer fue Carlos Dávila, a quien apartó de la dirección para poner a José Antonio Fúster, hoy diputado y portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid. Él fue el encargado de defenestrar a Jorge Bustos, tal y como contamos en su día en este periódico, quien supo rehacerse y se ha hecho un hueco en el equipo directivo de El Mundo y siendo el elegido para sustituir a Carlos Herrera en COPE, cuando llegue el momento.
Y Punto Pelota
Josep Pedrerol se convirtió en otro de los grandes olvidados para Julio Ariza. Tanto se quiso olvidar que el mandamás de Intereconomía dio orden de desactivar de un día para otro las tarjetas que daban acceso a las instalaciones de Intereconomía a todo el equipo de Punto Pelota.Creía que así se escapaba de pagar las indemnizaciones a los que llevaron a lo más alto a un canal que hasta su llegada, no conocía nadie.
La historia no acabó bien. Después de siete años de juicios, el director de El Chiringuito de Jugones ganó la batalla judicial después de que Ariza fuera condenado a pagar dos millones y medio de euros al periodista.
Ariza en la memoria
Bustos, Pedrerol, Dávila son algunos de los nombres, pero si hacemos un poco de memoria, no son los únicos. Antonio Jiménez, su gran estrella y presentador de El Gato al agua, no dudó en dejarle en la estacada de un día para otro, después de muchos desencuentros en púbico y en privado. Lo sustituyó por uno de sus hombres de confianza -de él y de Mario Conde- Xavier Horcajo. Después de su marcha, Jiménez fue acogido por la TRECE de Ábside Media y el programa se sumó a la lista de naufragios de Ariza.
Alfonso Arteseros, Pilar García de la Granja, Eduardo García Serrano -creador de “esa señora es una guarra, una puerca y una zorra”- Javier Esparza… son otros de los que sostuvieron ese Titanic que acabó hundido.
Pero lo peor no fue eso. Lo peor fueron los cientos de trabajadores que levantaban el periódico, la tele y la radio de Ariza, que empezaron cobrando poco, siguieron con acumulados de hasta cinco nóminas sin cobrar y acabaron rescatados por Fogasa -con la pérdida económica que eso supone- cinco años después de perder el trabajo, cuando, en 2015, la empresa entró en concurso de acreedores. Familias enteras -con un importante número de hijos- que tuvieron que pedir préstamos, refugio y amparo por una gestión que hoy pretende saltar de una empresa a un país.
Julio Ariza, el que ahora presume de ser patriota, el empresario que arrastra una deuda con su país de millones euros, se olvidó de ellos para fundar un partido político con el que pretende dirigir España.
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