En este país hemos elevado la supervivencia a la categoría de arte sutil.
Mientras unos pasean por Serrano, con la ligereza de quien ignora el precio de las cosas, el resto perfeccionamos gadgets discretos, para seguir existiendo con dignidad.
Llevamos un salvavidas en el maletero, por si las Dana deciden convertir nuestro barrio en paisaje lacustre.
Un abrelatas en la mochila, para cuando Renfe, Ouigo… nos encierra con la elegancia de siempre.
Y aprendemos a viajar con media maleta, porque Ryanair ha convertido el equipaje en lujo de pocos.
Desarrollamos brazos extensibles para cumplir jornadas que harían sonrojar a cualquier ministro, mientras algunos actualizan su vida desde boutiques que nosotros sólo conocemos de oídas.

Y cuando la tierra se enciende y una Cumbre Vieja recuerda que también tiene carácter, nos calzamos las botas y preparamos el gadget más español de todos:
el saltador de cráteres.
Porque aquí no esperamos a que nos salven.
Simplemente encontramos la forma de saltar.
El Gadgeto Español no grita.
No hace heroicidades de película.
Solo apaña, calla y sigue.
Con más ingenio que presupuesto,
más humor que quejas,
y más cojones que subsidios.
¡Adelante, Gadgeto!
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…










