La presentación de FUJIKINA Madrid 2026 celebrada este 29 de abril en Madrid marca el inicio de la llegada a la capital de uno de los encuentros más relevantes del panorama fotográfico europeo. Tras su paso por ciudades como Barcelona, Berlín y Londres, llega con la intención de reunir a una comunidad diversa de apasionados por la imagen, consolidándose como un punto de encuentro clave para el sector creativo. El evento se celebrará los días 23 y 24 de mayo en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid COAM, pero desde ya se puede ver la exposición previa en el lobby del edificio.
La programación incluye conferencias magistrales, talleres, exposiciones, demostraciones en vivo y paseos fotográficos. Está dirigido tanto a profesionales como a aficionados, estudiantes y creadores de contenido. Entre los participantes confirmados destaca la presencia de Alberto García-Alix, quien presentará una propuesta visual inédita, junto a otros referentes como Estela de Castro, Joan Vendrell y Samuel Aranda. Además, el festival ofrecerá a los asistentes la posibilidad de probar equipos, acceder a servicios técnicos y participar en experiencias prácticas, reforzando su vocación de impulsar tanto la cultura fotográfica como el intercambio directo entre creadores, industria y público.
“En este acontecimiento único como es FUJIKINA Madrid celebramos el poder de las imágenes y de sus creadores, siendo posible, entre otros aspectos, gracias a las alianzas con World Press Photo, PHotoESPAÑA y otras organizaciones que lo hacen posible. Estamos muy contentos con de la buena acogida que está teniendo y creemos firmemente que será un éxito”, afirma Eduardo López, director de FUJIFILM Imaging y Recording Media en España, con quien conversamos para conocer los detalles de la actividad.
Tras dos décadas de transformación digital, ¿cómo ha evolucionado el mercado fotográfico desde su punto más alto en el año 2000 hasta hoy?
El mercado fotográfico nunca ha recuperado los niveles del año dos mil, cuando el formato analógico estaba en su pico. Desde entonces ha habido una caída progresiva, en gran parte por la “canibalización” del teléfono móvil, hasta situarse hoy en torno a un 60% de lo que era entonces. Sin embargo, no ha sido una caída lineal: tras años de descenso, la pandemia supuso un punto de inflexión. Durante el confinamiento se produjo un repunte significativo en la impresión fotográfica, ya que el tiempo en casa favoreció la revisión, selección y creación de álbumes. Este proceso, que requiere tiempo y reflexión, volvió a conectar a las personas con sus imágenes y activó de nuevo el ecosistema de impresión.
¿Qué papel juegan la impresión, las exposiciones y los libros en el futuro de la fotografía, y cómo encaja ahí la evolución tecnológica?
La fotografía atraviesa un proceso en el que lo digital domina, pero lo físico recupera valor. La impresión sigue siendo clave porque el verdadero reto no es imprimir, sino encontrar el tiempo para seleccionar las imágenes. En este contexto, se anticipa que la inteligencia artificial podrá facilitar ese proceso de selección, proponiendo imágenes relevantes a partir de grandes archivos personales, lo que podría incluso impulsar de nuevo la impresión. En este sentido, se defiende que la fotografía necesita materializarse: una fotografía, para serlo plenamente, debe imprimirse. Lo digital queda en el ámbito de la imagen, mientras que lo impreso, junto con los libros y las exposiciones, es lo que realmente perdura y preserva el legado visual frente al carácter efímero de la web.
¿Cómo ha transformado la fotografía la llegada de lo digital y las redes sociales, y qué está ocurriendo hoy con el interés por lo analógico?
La incorporación de los teléfonos móviles con cámara y las redes sociales ha supuesto una transformación profunda en la fotografía en los últimos aquince años. Por un lado, ha democratizado la imagen, ya que prácticamente todo el mundo lleva una cámara encima, y por otro ha generado una globalización del medio, permitiendo conectar con personas de cualquier parte del mundo a través de las imágenes. Este cambio ha impulsado un giro del mundo analógico al digital, especialmente con el auge de plataformas como Instagram y, más recientemente, TikTok, que ha potenciado el vídeo. Sin embargo, en los últimos años se observa un fenómeno de retorno al mundo analógico impulsado por la gente joven, que, aunque es nativa digital y no lo conoció en su origen, está descubriendo formatos como la fotografía instantánea, el carrete o incluso los vinilos. Este “revival” se explica por la búsqueda de experiencias más físicas y reflexivas, donde el proceso fotográfico implica pensar antes de disparar, frente a la inmediatez y abundancia del entorno digital.
¿Cómo ha evolucionado la industria fotográfica para adaptarse a la transición entre lo analógico, lo digital y el smartphone?
El cambio tecnológico ha obligado a una transformación progresiva del sector desde el año dos mil, cuando la producción de carretes fotográficos alcanzó su máximo y comenzó su declive con la digitalización. Fujifilm mantuvo su apuesta por lo analógico mientras desarrollaba el mundo digital, primero con cámaras compactas y posteriormente con equipos más avanzados. La llegada del smartphone, impulsado especialmente por Apple, supuso una disrupción clave, seguida por la expansión de las redes sociales, que globalizaron la fotografía. Frente a este escenario, la estrategia no fue ver el móvil como un enemigo, sino como un aliado, aprovechando que las imágenes captadas en teléfonos también podían imprimirse. A la vez, se consolidó el valor de la cámara digital para usos más exigentes o creativos, donde el móvil no llega, como fotografía deportiva o de naturaleza. Así, hemos evolucionado hacia un modelo híbrido donde conviven lo digital, lo móvil y la persistencia de la impresión como parte esencial del proceso fotográfico.
¿Qué valor tiene la fotografía con el paso del tiempo y por qué es importante su preservación en la era digital?
Tanto en la fotografía personal como en la artística, la imagen gana valor con el paso de los años. Un recuerdo cotidiano, como un selfie o una fotografía compartida en el momento, puede parecer poco relevante en el presente, pero con el tiempo adquiere un valor emocional mucho mayor, convirtiéndose en un elemento de memoria personal e incluso profesional. Ese valor aumenta aún más si la fotografía está impresa, ya que facilita su recuperación y conservación. Desde esta perspectiva, se defiende la importancia de preservar los archivos fotográficos, tanto a nivel personal como cultural, ya que forman parte de la memoria histórica de un país y de la humanidad. Sin embargo, estos archivos están actualmente poco cuidados, sin una política clara de preservación, lo que provoca pérdidas significativas cuando desaparecen los autores o sus familias gestionan su legado. Por ello, se insiste en la necesidad de conservar no solo en digital o analógico, sino también en formato impreso y en libro, como formas duraderas de preservación.
¿Cómo ha cambiado el comportamiento del consumidor de fotografía en los últimos años?
El mayor cambio en el consumo fotográfico se ha producido con la llegada del teléfono móvil, que ha convertido la cámara en un elemento universal. Hoy en día, la fotografía es uno de los principales argumentos de venta de los smartphones, lo que ha desplazado gran parte del consumo hacia este dispositivo. Esto ha generado una doble consecuencia: por un lado, la democratización de la fotografía, ya que todo el mundo puede hacer imágenes; y por otro, una menor valoración del trabajo profesional, al percibirse que cualquiera puede tomar fotografías. En este contexto, existen dos grandes comportamientos de consumo: uno más social y lúdico, vinculado al uso del móvil, las redes sociales y la fotografía instantánea como experiencia de ocio y convivencia; y otro más creativo y especializado, en el que el usuario busca desarrollar su expresión artística a través de cámaras digitales, formación y experimentación. El primero concentra el mayor volumen de consumo, mientras que el segundo se sitúa en un ámbito más reducido y orientado a la creación.
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