España se encamina hacia un inicio de verano marcado previsiblemente por temperaturas superiores a lo habitual. Según la última predicción estacional de la Agencia Estatal de Meteorología, existe una alta probabilidad de que el trimestre mayo-junio-julio registre valores térmicos por encima de la media en todo el país, especialmente en la vertiente cantábrica, el área mediterránea y Baleares.
Aunque los efectos más conocidos del calor extremo son el agotamiento térmico o el golpe de calor, la evidencia científica reciente señala que las altas temperaturas también pueden afectar al funcionamiento cerebral incluso antes de alcanzar situaciones clínicas graves. El cerebro depende de un equilibrio térmico muy preciso para mantener sus funciones, y la hipertermia, incluso leve, puede alterar procesos cognitivos esenciales como la atención, la memoria, el razonamiento o la velocidad de procesamiento de la información.
“Muchas veces asociamos el impacto del calor únicamente al cansancio físico, pero también existe una afectación neurológica. El cerebro es especialmente sensible a las variaciones térmicas porque consume una gran cantidad de energía y necesita mecanismos muy eficientes para disipar el calor”, explica el doctor Pedro Gil Gregorio, especialista en Geriatría.
Altas temperaturas y su impacto en la salud cognitiva
Uno de los trabajos más relevantes en este ámbito, publicado en la revista Nature Publishing Group, observó que la exposición prolongada de la cabeza y el cuello a radiación solar directa puede provocar deterioros significativos en tareas cognitivas y motoras, incluso sin que la temperatura corporal alcance niveles propios de un golpe de calor. Los expertos advierten de que el cerebro tiene una capacidad limitada para liberar calor, lo que dificulta su correcto funcionamiento en condiciones ambientales extremas.
Además, la evidencia científica sugiere que las personas mayores son especialmente vulnerables a estos efectos. Diversos estudios han encontrado asociaciones entre episodios de calor extremo y un incremento de hospitalizaciones relacionadas con demencia y enfermedad de Alzheimer, así como un mayor riesgo de deterioro cognitivo. Ante este escenario, los especialistas recomiendan extremar las precauciones durante los meses de más calor, mantener una hidratación adecuada, evitar la exposición solar en las horas centrales del día y prestar especial atención a posibles síntomas como desorientación, fatiga o confusión.
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