Por la Dra. Stephy Payano
Durante décadas, el principal objetivo de la oncología ha sido curar el cáncer o, al menos, cronificarlo. Gracias a los avances en cirugía, radioterapia, tratamientos sistémicos e inmunoterapia, hoy cada vez más personas sobreviven a la enfermedad. Sin embargo, esta buena noticia plantea un nuevo desafío: aprender a cuidar a quienes han superado el cáncer, pero todavía conviven con sus consecuencias.
La imagen tradicional del paciente oncológico terminaba el día que recibía la noticia de que el tumor había desaparecido. La realidad es diferente. Para muchos supervivientes, el final del tratamiento marca el comienzo de una nueva etapa llena de incertidumbres físicas, emocionales y sociales.
La medicina moderna ya no puede limitarse a tratar el cáncer. Debe ayudar a recuperar la salud y la calidad de vida.
El éxito de la oncología ha creado una nue
Según las estimaciones internacionales, el número de supervivientes de cáncer aumenta cada año debido al diagnóstico precoz y a tratamientos más eficaces. Este crecimiento ha impulsado el desarrollo de una disciplina específica conocida como supervivencia oncológica.
La supervivencia no consiste únicamente en estar libre de enfermedad. Implica prevenir, detectar y tratar los efectos tardíos derivados del propio cáncer y de sus tratamientos, así como favorecer la recuperación funcional, psicológica y social del paciente.
Las principales sociedades científicas recomiendan que el seguimiento incluya no solo la vigilancia de posibles recaídas, sino también la evaluación de secuelas físicas, salud mental, nutrición, actividad física y factores de riesgo cardiovascular.
Las secuelas tardías: el lado menos conocido del cáncer
Cada tratamiento puede dejar una huella distinta.
La cirugía puede provocar alteraciones funcionales o linfedema.
La quimioterapia puede asociarse a neuropatía periférica, fatiga persistente, alteraciones cognitivas o mayor riesgo cardiovascular.
La radioterapia puede producir fibrosis, rigidez de tejidos, problemas urinarios o intestinales y complicaciones de cicatrización que pueden aparecer incluso años después del tratamiento.
Algunos tratamientos hormonales favorecen la pérdida de masa muscular y ósea, el aumento de peso o las alteraciones metabólicas.
La fatiga relacionada con el cáncer merece una mención especial. Se trata de uno de los síntomas más frecuentes y limitantes. A diferencia del cansancio habitual, no mejora completamente con el descanso y puede persistir durante meses o años, afectando al trabajo, la vida familiar y las relaciones sociales.
La rehabilitación integral: una nueva forma de entender la recuperación
Durante mucho tiempo se pensó que el reposo era la mejor estrategia para los pacientes con cáncer. Hoy sabemos que ocurre justamente lo contrario.
La rehabilitación integral combina diferentes intervenciones destinadas a recuperar la capacidad funcional y prevenir complicaciones futuras.
Incluye fisioterapia, rehabilitación del suelo pélvico cuando es necesaria, tratamiento del linfedema, manejo del dolor, recuperación de la movilidad y programas adaptados de ejercicio físico.
En pacientes seleccionados también pueden formar parte del abordaje terapias específicas dirigidas a mejorar determinadas complicaciones, como la oxigenoterapia hiperbárica en lesiones tardías por radiación con indicaciones reconocidas.
El objetivo no es únicamente prolongar la supervivencia, sino mejorar la forma en que se vive después del cáncer.
Nutrición: mucho más que mantener el peso
Uno de los errores más frecuentes es pensar que la nutrición solo importa durante la quimioterapia.
La evidencia científica demuestra que una alimentación adecuada desempeña un papel fundamental durante toda la supervivencia oncológica.
El mantenimiento de una composición corporal saludable, especialmente de la masa muscular, se asocia con una mejor capacidad funcional, menor riesgo de complicaciones y mejor tolerancia a futuros tratamientos si fueran necesarios.
Las recomendaciones actuales priorizan un patrón alimentario rico en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva, con limitación de alimentos ultraprocesados y carnes procesadas.
No existen alimentos milagro ni dietas capaces de prevenir por sí solas una recaída. La mejor estrategia continúa siendo una alimentación equilibrada adaptada a las necesidades individuales del paciente.
El ejercicio físico también es un tratamiento
Probablemente sea una de las intervenciones más eficaces y, al mismo tiempo, más infrautilizadas.
Las recomendaciones internacionales aconsejan combinar ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza adaptado a cada paciente.
La evidencia muestra beneficios sobre la fatiga, la capacidad cardiorrespiratoria, la fuerza muscular, la ansiedad, la depresión y la calidad de vida.
Además, diversos estudios observacionales sugieren una asociación entre una mayor actividad física y una reducción del riesgo de recurrencia y mortalidad en algunos tumores frecuentes, como el cáncer de mama y el cáncer colorrectal.
El objetivo no es convertir al paciente en un deportista, sino ayudarle a recuperar su autonomía y su confianza.
La salud mental también forma parte del tratamiento
El impacto emocional del cáncer no desaparece cuando termina el tratamiento.
El miedo a la recaída, la ansiedad ante las revisiones, las alteraciones de la imagen corporal, las dificultades laborales o los cambios en las relaciones personales son frecuentes.
La atención psicológica especializada puede ayudar a desarrollar estrategias de afrontamiento y mejorar la adaptación a esta nueva etapa.
Cada vez existe más evidencia de que el bienestar emocional influye en la adherencia a los tratamientos, la recuperación funcional y la calidad de vida.
Pedir ayuda psicológica no significa ser débil. Forma parte del cuidado integral del paciente.
El futuro de la oncología también consiste en cuidar a los supervivientes
La oncología del siglo XXI ha conseguido que millones de personas vivan más tiempo.
El siguiente paso es conseguir que vivan mejor.
La supervivencia oncológica requiere un enfoque multidisciplinar en el que oncólogos, médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, nutricionistas, psicólogos, especialistas en ejercicio físico y atención primaria trabajen de forma coordinada.
El cáncer no siempre termina cuando acaba el tratamiento.
Para muchos pacientes, comienza una nueva etapa que merece el mismo compromiso científico y humano que el diagnóstico inicial.
Porque sobrevivir al cáncer no debería significar únicamente vivir más años.
Debería significar recuperar la mejor calidad de vida posible.
Seguiremos Informando…










