Con la llegada del verano, muchas familias afrontan el reto de organizar las vacaciones escolares de niños y adolescentes, con agendas llenas de campamentos, actividades deportivas o clases de refuerzo. En este contexto, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) recuerda que este periodo también debe ser un tiempo para descansar, jugar, desconectar y fomentar la autonomía de los menores.
Los pediatras reivindican recuperar, en la medida de lo posible, “los veranos de antes”, con más tiempo al aire libre, menos uso de pantallas y espacios sin horarios rígidos. Subrayan que el juego libre, la creatividad e incluso el aburrimiento son elementos clave para el desarrollo emocional y social de niños y adolescentes.
“La infancia necesita descanso físico, mental y emocional. El verano no debería convertirse en una prolongación del curso escolar”, explica la vicepresidenta de AEPap, Teresa Cenarro, quien insiste en que este periodo debe permitir a los menores jugar, dormir más, relacionarse y asumir pequeñas responsabilidades.
Libertad, autonomía y descanso real
Desde la asociación recuerdan que el descanso no es tiempo perdido, sino una parte esencial del desarrollo infantil, ya que durante estos periodos el cerebro consolida aprendizajes, regula emociones y recupera la capacidad de atención. Además, advierten de que los veranos excesivamente estructurados pueden generar cansancio acumulado y dificultar la desconexión, provocando que algunos niños comiencen septiembre más agotados que al finalizar el curso.
En este sentido, los pediatras recomiendan aprovechar el verano para fomentar la autonomía de forma progresiva, implicando a los menores en tareas cotidianas adaptadas a su edad, como recoger el desayuno, hacer la cama o colaborar en casa. También aconsejan promover el ejercicio físico al aire libre, reducir el tiempo de pantallas y favorecer actividades familiares sin prisas.
Finalmente, la AEPap subraya que no todas las familias viven el verano en igualdad de condiciones. Por ello, consideran fundamental que las administraciones impulsen recursos y espacios seguros que garanticen alternativas de ocio saludable, especialmente para menores en situación de vulnerabilidad. “Un verano equilibrado no significa hacer menos, sino dejar espacio para que ocurran cosas importantes: jugar, aburrirse, descansar, convivir y crecer”, concluye Cenarro.
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