En la Tierra a jueves, julio 9, 2026

EL VASALLO SAN DIEGO OBESCAL

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Interpretando el papel del caballero dispuesto a desenvainar la espada por la dama ofendida, aunque hasta ayer alabara con entusiasmo al ridiculizador machista. Ha compadecido Santiago Abascal, convertido en pagafantas de Giorgia Meloni frente a los desplantes de chulo de bar de copas de Donald Trump.

«Creo que no es nada bueno que Meloni esté sufriendo este tipo de descalificaciones absolutamente inaceptables», ha proclamado el líder de Vox con gesto grave. La frase tiene el brillo de las convicciones tardías. Hace apenas año y medio, el mismo Abascal celebraba exultante el regreso de Trump al poder, rodeado de la comparsa de dirigentes que soñaban con una internacional reaccionaria capaz de marcar el paso a Occidente. Entonces el magnate era el faro; ahora se ha convertido en el verdugo de una de sus antiguas aliadas y amiga personal.

No es la primera vez que Trump humilla a Meloni. Antes de la cumbre de la OTAN en Ankara publicó una fotografía junto a la primera ministra italiana acompañada de un mensaje demoledor: «Necesitamos una orden de alejamiento». Ya antes, tras la reunión del G7 de junio, había telefoneado a un periodista italiano de La7 para burlarse de ella, asegurando que Meloni le había pedido insistentemente una fotografía y que él aceptó «por pena». La dirigente italiana negó entonces aquellas palabras y las calificó de pura invención.

La paradoja es fantástica. El hombre que hace unos años rebautizó a Abascal como «San Diego Obescal», en uno de esos deslices entre la desmemoria y el desprecio con los que suele tratar a sus socios extranjeros, se ha convertido en el personaje al que el nuevo amigo de Feijóo corrige desde la barrera. El escudero enmienda al caballero, aunque sin romper jamás el póster que conserva colgado en el despacho.

Hay algo de novela caballeresca en esta escena. Abascal cabalga para defender el honor de la dama agraviada mientras procura no incomodar demasiado al caballero del que es vasallo y que la ofende. Un equilibrio imposible. Porque en política, como en la edad media, no basta con blandir la espada: también hay que decidir de qué lado combate el siervo cuando el rey pierde los modales.

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