Las amenazas de la administración estadounidense de cortar el comercio con España refleja una creciente influencia de factores geopolíticos en la toma de decisiones empresariales. Las compañías estarían priorizando ahora la protección de márgenes y la optimización de costes internos, mientras exploran alternativas de mercado para mantener la competitividad global. Tal es el caso del sector vinícola, que ha reaccionado con mucha preocupación, aunque también con prudencia.
Según Eva Linares, socia de la consultora especializada en optimización de costes y gestión de proveedores ERA Group, el problema es que las reglas están cambiando constantemente y, además, “la situación ha coincidido con una caída del consumo, una mayor sensibilidad al precio y un entorno económico que obliga a ser mucho más selectivos”. Y así lo explica a PRNoticias.
¿Hasta qué punto la incertidumbre arancelaria en Estados Unidos está condicionando hoy las decisiones comerciales y de inversión de las bodegas españolas?
La incertidumbre siempre complica la toma de decisiones. Las empresas saben adaptarse cuando conocen las reglas del juego, aunque sean más exigentes. El problema es cuando esas reglas cambian constantemente. Lo que estamos viendo es que las bodegas son mucho más prudentes. Revisan con más frecuencia sus planes comerciales, analizan mejor dónde invertir y buscan minimizar riesgos. No es tanto una cuestión del coste del arancel como de la dificultad para planificar. Además, los aranceles no explican por sí solos la situación. Coinciden con una caída del consumo, una mayor sensibilidad al precio y un entorno económico que obliga a ser mucho más selectivos.
Más allá del impacto económico inmediato, ¿cómo cambia la estrategia de internacionalización de una empresa cuando el acceso a un mercado depende de decisiones políticas o comerciales ajenas a su control?
Creo que las empresas están aprendiendo que no pueden depender demasiado de un único mercado. Hace unos años el objetivo era abrir mercados. Hoy el objetivo es construir una cartera de mercados más equilibrada y, sobre todo, tener empresas más preparadas para adaptarse cuando las circunstancias cambian. Y eso también implica mirar hacia dentro. Si no puedes controlar lo que pasa fuera, al menos asegúrate de tener una empresa más eficiente, más flexible y con capacidad para reaccionar rápido.
Con Estados Unidos y China generando cada vez más incertidumbre, ¿qué papel deberían desempeñar las instituciones españolas para proteger la competitividad del sector vitivinícola?
Las instituciones tienen un papel muy importante apoyando la apertura de mercados, la promoción internacional y defendiendo los intereses del sector. Pero creo que la competitividad no depende solo de las instituciones. También depende de las propias empresas. Las bodegas que mejor están afrontando este entorno son las que no esperan a que cambie el mercado, sino que trabajan para ser más eficientes, más ágiles y más competitivas. Al final es la combinación de ambas cosas la que marca la diferencia.
¿Estamos asistiendo a un cambio de paradigma en el que la geopolítica pesa tanto como la calidad del producto o el precio a la hora de exportar vino?
Yo diría que sí. Hace años bastaba con tener un buen producto y un precio competitivo. Hoy eso sigue siendo imprescindible, pero ya no es suficiente. La geopolítica, los aranceles, los cambios regulatorios o la evolución del consumo pueden cambiar las reglas del juego en muy poco tiempo. Por eso cada vez tiene más valor la capacidad de adaptación de las empresas.
Muchas bodegas hablan ya de diversificar mercados. ¿Qué regiones ofrecen hoy las mejores oportunidades?
No creo que exista un mercado capaz de sustituir por sí solo a Estados Unidos o China. Lo que sí estamos viendo es una mayor diversificación. Hay oportunidades interesantes en algunos países europeos, Canadá, Japón o Corea del Sur, pero cada bodega tiene que encontrar aquellos mercados donde realmente pueda aportar valor. El objetivo ya no es buscar un nuevo gran mercado. El objetivo es depender menos de uno solo.
¿Qué lección deja esta situación para otros sectores exportadores españoles?
La principal lección es que la competitividad empieza mucho antes de salir a vender.nDesde ERA Group estamos trabajando con varias bodegas españolas en proyectos de optimización de costes en categorías como materia prima (botellas, tapones, etiquetas, cápsulas, cartón o embalaje), transporte, energía, seguros y otros servicios. Lo que vemos es que las empresas que mejor están respondiendo son las que aprovechan estos momentos para revisar su estructura de costes y ganar eficiencia. No porque esperen una crisis, sino porque quieren estar mejor preparadas para afrontar la siguiente. Optimizar costes ya no consiste solo en ahorrar. Consiste en construir empresas más resilientes, con mayor capacidad para adaptarse a la volatilidad, absorber incrementos de costes y seguir siendo competitivas, aunque el mercado cambie. Porque hay una realidad que creo que sirve para cualquier sector. Las empresas no pueden controlar el mercado, pero sí pueden decidir lo preparadas que quieren estar cuando el mercado cambie.
Seguiremos Informando…










