En la Tierra a martes, julio 28, 2026

LA ESPAÑA BIZCA

…Hay días en los que uno tiene la sensación de que España ya no mira con dos ojos. Mira con uno hacia el pasado y con el otro hacia el enemigo. Y cuando eso ocurre, la realidad deja de enfocarse. Todo aparece borroso. Todo termina convertido en un combate…

Publicidad

Hace unos días aterrizó un marciano en cualquier rincón de España. No preguntó si aquello era Extremadura, Navarra o la Alpujarra. Venía de una galaxia donde todavía no habían inventado las tertulias televisivas ni las redes sociales. Traía la ingenuidad de quien cree que los humanos aprenden de los errores. ¡Pobrecillo!

Lo primero que encontró fueron los cuadros de Goya. Hombres golpeándose con garrotes hasta las rodillas hundidas en el barro. Después le hablaron de una guerra en la que los hermanos dejaron de reconocerse como hermanos. Le explicaron que hubo asesinatos, hambre, persecuciones, odio, iglesias quemadas, represalias, cárceles, exilios y un país entero convertido en una inmensa fábrica de dolor.

El marciano creyó que aquello pertenecía a un museo. Que las sociedades avanzadas estudian sus tragedias precisamente para no repetirlas. Se equivocaba.

Descubrió que casi un siglo después seguimos viviendo de alquiler dentro de aquella guerra. Que unos continúan utilizándola como coartada moral y otros como escudo político. Que el pasado se ha convertido en un producto de consumo diario donde cada partido selecciona únicamente las fotografías que le interesan enseñar.

Después conoció al pequeño dictador. Un personaje que unos describen como la encarnación absoluta del mal y otros presentan poco menos que como un constructor providencial. El marciano volvió a rascarse la cabeza. ¿Cómo era posible que una misma persona generara dos relatos tan incompatibles?

Pronto comprendió que la historia rara vez se cuenta completa. Durante aquella dictadura hubo represión, ausencia de libertades y miedo. También hubo infraestructuras, pantanos, carreteras, hospitales y el desarrollo de instituciones que después evolucionarían con la democracia. Negar cualquiera de esas dos realidades no cambia la historia; únicamente la convierte en propaganda.

Nuestro visitante empezaba a sospechar que en España los hechos importaban menos que la camiseta de quien los contaba.

Continuó su viaje y llegó a una rueda de prensa.

Un presidente del Gobierno apareció detrás de una pantalla de plasma. Los periodistas escucharon un comunicado y alguien anunció una frase que al marciano le pareció imposible:

—No hay preguntas.

Esperó las protestas. Esperó que los periodistas abandonaran la sala. Esperó que alguien recordara que el periodismo consiste precisamente en preguntar. No ocurrió nada. El silencio fue aceptado con una naturalidad que sólo puede entender quien lleva demasiado tiempo acostumbrándose a lo inaceptable.

El marciano siguió caminando.

Descubrió ministros que discuten más en las redes sociales que en sus despachos. Presidentes convertidos en personajes permanentes de confrontación. Oposición y Gobierno acusándose mutuamente de destruir España mientras España seguía esperando que alguien se ocupara de gestionar los problemas de los españoles.

Vio incendios convertidos en trincheras. Riadas convertidas en propaganda. Muertos convertidos en estadísticas.nJueces convertidos en sospechosos. Periodistas convertidos en hooligans. Y ciudadanos convertidos en aficionados que ya no buscan comprender, sino confirmar aquello que previamente habían decidido creer.

Entonces comprendió por qué España parecía bizca.

No porque existieran dos Españas. Las dos Españas siempre han existido. España se ha vuelto bizca porque cada ojo mira exclusivamente aquello que desea ver, mientras el cerebro ha dejado de intentar unir ambas imágenes para construir una realidad completa.

Cuando el marciano regresó a su nave escribió un informe de una sola frase:

“No tienen un problema de democracia. Tienen un problema de enfoque.”

Y quizá ésa sea la verdadera tragedia. Que hemos confundido la memoria con el rencor, la crítica con el insulto, la política con el espectáculo y la verdad con la comodidad de elegir únicamente la mitad que confirma nuestras propias convicciones.

Porque una nación no empieza a romperse cuando piensa diferente. Empieza a romperse cuando deja de querer mirar con los dos ojos.

Pedro de Aparicio y Pérez de Lucentis

Publicidad

Noticias relacionadas

Relacionados Posts

Premiados de la XX edición de 'Los mejores de PR'

Noticias recientes

Publicidad

SUSCRÍBETE

Suscríbete a nuestro boletín y no te pierdas las noticias más relevantes y exclusivas.