Coger vacaciones no siempre significa empezar a descansar. Cuando el verano llega después de meses de presión laboral, responsabilidades familiares y un ritmo sostenido sin apenas pausas, la mente puede tardar varios días en bajar el ritmo. Aunque cambie el escenario, las tareas pendientes, la hiperconexión y la carga mental no desaparecen de forma automática.
Esta dificultad para frenar cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que casi seis de cada diez españoles, el 58,7 %, han experimentado ansiedad o estrés durante el último año, según el estudio “Radiografía del bienestar emocional y el deporte en España”, impulsado por Nara Seguros, marca de seguros de salud, vida y ahorro.
En este contexto, las vacaciones no siempre comienzan desde un estado de calma, sino desde el cansancio y la tensión acumulados. Apagar el ordenador o trasladarse a un destino diferente puede ayudar, pero el cuerpo y la mente también necesitan un periodo de adaptación para entrar progresivamente en una dinámica de descanso.
Mujeres y personas de 30 a 44 años, los grupos con mayor incidencia
El estrés y la ansiedad no afectan por igual a toda la población. Según el estudio, el 67,8 % de las mujeres ha experimentado estas situaciones durante el último año, frente al 49,6 % de los hombres, una diferencia de más de 18 puntos porcentuales.
La edad también marca una diferencia significativa. Las personas de entre 30 y 44 años son quienes registran una mayor incidencia, con un 73,2 %, es decir, casi tres de cada cuatro. Se trata de una etapa vital en la que pueden coincidir la consolidación profesional, las responsabilidades económicas y, en muchos casos, la crianza o los cuidados familiares.
Durante las vacaciones, las obligaciones laborales pueden disminuir temporalmente, pero otras responsabilidades continúan presentes. La organización de los viajes, las tareas domésticas, la atención a los menores o la planificación diaria pueden dificultar que el tiempo libre se traduzca inmediatamente en una sensación de descanso.
Esta carga también puede repartirse de manera desigual. Por ello, desconectar no depende únicamente de dejar de trabajar, sino también de revisar cómo se distribuyen la organización, los cuidados y las tareas durante los días de vacaciones.
Cinco claves para conseguir un descanso más real
Ante este escenario, Nara Seguros ofrece cinco recomendaciones para facilitar la transición entre la rutina y el descanso durante las vacaciones:
- Aceptar que desconectar requiere tiempo. No es necesario sentirse en calma desde el primer día. Reducir el ritmo de manera progresiva y rebajar las expectativas ayuda a que la mente se adapte al cambio de rutina sin convertir el descanso en una nueva obligación.
- Establecer límites claros con el trabajo. Desactivar las notificaciones, evitar revisar constantemente el correo electrónico y comunicar previamente la disponibilidad permite reducir la sensación de tener que estar permanentemente pendiente.
- No llenar toda la agenda. Reservar momentos sin actividades planificadas ayuda a abandonar la lógica de productividad. No todos los días tienen que estar aprovechados al máximo para que las vacaciones resulten satisfactorias.
- Incorporar movimiento sin convertirlo en una obligación. Caminar, nadar, montar en bicicleta o practicar una actividad agradable puede favorecer el bienestar físico y emocional, siempre que no se plantee como una nueva exigencia o como otro objetivo que cumplir.
- Repartir la organización y las responsabilidades. Compartir la planificación, los cuidados y las tareas domésticas evita que el descanso de unas personas dependa de la sobrecarga de otras. Delegar y pedir ayuda también forman parte de una desconexión saludable.
“El descanso no empieza automáticamente al cerrar el ordenador o cambiar de destino. La mente también necesita tiempo para abandonar la urgencia. Unas vacaciones saludables no deberían medirse por la cantidad de planes realizados, sino por la capacidad de recuperar energía y volver a conectar con uno mismo”, destacan desde Nara Seguros.










