En la Tierra a viernes, agosto 14, 2026

EL REY DEL BULO

…Hay imágenes que duran un segundo y, sin embargo, dicen demasiado. La fotografía de Felipe VI con Javier Negre en la toma de posesión de Abelardo de la Espriella, el pasado 7 de agosto en Cali, pertenece a esa categoría. No porque un saludo protocolario convierta al monarca en simpatizante de nadie, sino porque quien ocupa la Jefatura del Estado debería saber que una fotografía tiene consecuencias institucionales..

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Alarmín no es un periodista cualquiera. Es el fundador de EDA TV, un empresario mediático financiado por Marcos de Quinto, relacionado con el narco por su amistad con Juan Carlos Peña “El Inmortal” y por, sobre todo, un agitador político y una figura señalada por la difusión de desinformación y por métodos periodísticos controvertidos. En 2019, una sentencia condenó a Negre y a El Mundo por vulnerar la intimidad, el honor y la propia imagen de una víctima de violencia machista. El episodio no es una anécdota: plantea preguntas sobre límites, consentimiento y deontología profesional.

Tampoco hace falta recurrir a rumores sobre supuestas conexiones con los círculos ideológicos sionistas para entender el problema. Basta observar su Instagram. Allí figuran imágenes en casa de Martín Varsavsky acompañado de Iker Jiménez y Carmen Porter. Alarmín ha construido una plataforma en la que la frontera entre información, activismo y espectáculo político aparece difuminada. De ese ecosistema surgió la degeneración mediática de Vito Quiles, el rostro más reconocible de semejante deterioro.

Por eso resulta difícil no preguntarse qué estaba haciendo Felipe VI posando ante la cámara. El Rey no es un influencer buscando completar el álbum de cromos de sus encuentros internacionales. No necesita demostrar que es simpático, accesible o que puede fotografiarse con cualquiera que se lo pida. Su imagen no le pertenece únicamente a él: representa a una institución.

La Casa del Rey dispone de una directora de Comunicación, Rosa Lerchundi, cuya retribución presupuestada para 2026 asciende a 122.886,10 euros. Si después de todo ese asesoramiento comunicativo el resultado es que el monarca termina protagonizando una fotografía que sirve de legitimación visual para quien tantas veces le ha faltado el respeto, algo falla estrepitosamente.

No es cuestión de censurar con quién puede hablar el Rey. Es cuestión de criterio. La neutralidad institucional también exige saber cuándo decir no. Sobre todo si se trata de alguien que, después de haber proclamado a Delcy Rodríguez emperadora de la derecha, afirma a las 24 horas que eso solo lo puede decir un retrasado mental. Él sabrá, pues seguramente se conozca mejor que nadie.

José Antonio RULFO

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