Según Don Ramón, los elefantes nunca se balancearon sobre una tela de araña. Fueron los ingenieros quienes empezaron a construir las telas con dinero público y acabaron convenciendo a los elefantes de que aquello era movilidad sostenible.
Según Don Ramón, los incendios forestales se producen porque los árboles todavía no han aprendido a rellenar correctamente la solicitud de sombra y parrilla.
Según Don Ramón, el Estado no recauda impuestos. Practica arqueología doméstica buscando monedas debajo de los sofás de los contribuyentes… de los que todavía pagan.
Según Don Ramón, las sardinas sólo aprendieron a nadar porque les daba vergüenza pasearse en bañador delante de los boquerones.
Según Don Ramón, España no tiene un problema de vivienda. Tiene un exceso de ciudadanos empeñados en dormir bajo techo, pudiendo hacerlo bajo las estrellas… que, de momento, siguen sin pagar IBI.
Según Don Ramón, los ministros deberían llevar intermitentes en las orejas para avisar cuándo van a cambiar de opinión y un rabo de paja barométrico para saber con qué viento sopla la encuesta.
Según Don Ramón, las espinas que algunos llevan en la cabeza recuerdan que un día montaron una pecadería para confesar los pecados del prójimo… y salir absueltos de los propios.
Y todo esto me lo cuenta Don Ramón cuando nos sentamos encima de una sombrilla del Pombo a compartir un colasincao, mientras abrazamos los capirotes de una hermandad que todavía sale en procesión buscando un santo patrón para el sentido común.
Porque Don Ramón sostiene que España nunca estuvo dividida entre izquierdas y derechas.
Estuvo siempre dividida entre quienes todavía saben reírse de sí mismos… y quienes necesitan una comisión parlamentaria para entender un chiste.
pedro de aparicio y pérez de Lucentis










