Pedro Sánchez tiene nuevo empleo. No es el Consejo de Ministros, la rueda de prensa ni una reunión bilateral. Esta vez toca algo aparentemente más sencillo: servir a Mohamed VI.
En el vídeo satírico, el presidente español aparece convertido en el empleado ejemplar de palacio. Sirve el té, limpia, corta el césped y atiende diligentemente cada necesidad de su nuevo jefe. Todo con una sonrisa. Todo sin rechistar. Y siempre con una presencia incómoda sobrevolando la escena: Pegasus.
El teléfono que nunca deja de mirar
Porque puede cambiar el uniforme, pero hay un objeto que Sánchez probablemente preferiría no perder nunca de vista. Su móvil.
El teléfono del presidente fue infectado con Pegasus hasta en cinco ocasiones entre 2020 y 2021, según la investigación de la Audiencia Nacional. En enero de 2026, el juez volvió a archivar provisionalmente el procedimiento porque no había podido determinar quién estaba detrás de los ataques.
Es decir, el espionaje existió. La información fue extraída. Pero la autoría continúa sin conocerse.
Y aunque Marruecos ha aparecido repetidamente en el debate político por coincidir algunas intrusiones con uno de los momentos de mayor tensión diplomática entre ambos países, no se ha demostrado judicialmente que Rabat ordenara el espionaje.
A la sátira le basta con eso. Sánchez mira el teléfono. El teléfono permanece encima de la mesa. Mohamed VI espera su té. Y nuestro presidente vuelve rápidamente al trabajo.
De socio estratégico a empleado del mes
La caricatura golpea sobre otra imagen que acompaña al Gobierno desde hace años: la extrema prudencia de Sánchez ante Marruecos.
En 2022, España abrió una nueva etapa en sus relaciones con Rabat después del giro del Gobierno sobre el Sáhara Occidental. Desde entonces, Moncloa ha definido reiteradamente a Marruecos como un socio estratégico indispensable en cuestiones como inmigración, seguridad o relaciones económicas.
En la diplomacia se llama cooperación. En el vídeo prefieren llamarlo servicio completo. Video vía tik tok: @asinteticos
—El té, majestad.
—Ahora el jardín.
—Sí, majestad.
—Y luego la vajilla.
—Por supuesto.
A este ritmo, lo extraño es que Mohamed VI todavía no le haya entregado una placa: Empleado del mes.
La eterna servidumbre
El vídeo exagera hasta el absurdo una pregunta política bastante más seria: ¿hasta qué punto condiciona la relación con Marruecos la actuación del Gobierno español?
La Moncloa defiende que la cooperación con Rabat protege intereses estratégicos de España y que la nueva relación bilateral ha permitido recuperar canales de colaboración fundamentales. Sus críticos ven exactamente lo contrario: demasiadas concesiones y demasiada cautela cada vez que Mohamed VI entra en la ecuación.
La sátira no necesita resolver la discusión. Le basta con ponerle a Pedro Sánchez una bandeja entre las manos.
Porque mientras continúa sin saberse quién espió su teléfono, la imagen resulta demasiado fácil:
Mohamed VI sentado. Pedro Sánchez sirviendo. Y Pegasus vigilando desde algún lugar de la habitación.
Quizá por eso el empleado del mes nunca protesta. O quizá simplemente está concentrado en que no se le enfríe el té.









