La pregunta contiene precisamente el problema. Sí: hubo una DANA superior a esto. La de Valencia dejó más de 230 muertos, decenas de municipios devastados y una destrucción material y humana de una magnitud que no puede ponerse al mismo nivel que la suspensión de una feria, la ocupación temporal de espacios públicos o las dificultades derivadas de una emergencia migratoria, por grave y desbordante que esta sea.
Ceuta atraviesa una crisis real. El propio Estado ha reconocido oficialmente que la llegada masiva de personas emigrantes alteró el funcionamiento ordinario de las administraciones y superó sus capacidades habituales de acogida, asistencia y seguridad. La Feria de Ceuta fue suspendida y la ciudad ha tenido que afrontar una situación excepcional.
Pero precisamente por eso resulta innecesario inflarla retóricamente hasta equipararla a una catástrofe mortal. Hacerlo no engrandece el problema de Ceuta: banaliza el sufrimiento de quienes perdieron la vida en Valencia y recomienda el ingreso del autor de la frase en un frenopático.
Y hay además una cuestión institucional de fondo. Si Feijóo pretende ampliar las funciones constitucionales del jefe del Estado cuando llegue a La Moncloa, debería explicar con mucha más precisión qué papel atribuye al Rey y cuáles serían sus límites en una monarquía parlamentaria. La visita a Ceuta puede ser perfectamente defendible como gesto institucional de apoyo; convertirla en una especie de respuesta constitucional extraordinaria es otra cosa.
La política responsable no necesita fabricar una tragedia mayor de la que existe. Ceuta merece atención, recursos y Estado. Valencia mereció, y sigue mereciendo, memoria, responsabilidad y el dolor del respeto por sus muertos y una recuperación real de una puta vez. Compararlas de esta manera resulta un insulto a la inteligencia y levanta la duda de si no nos encontramos ante otro psicópata de manual.
José Antonio RULFO.










