La Agencia EFE quiere poner puertas al campo de la IA, pero lo hace después de que sus propios mecanismos de verificación hayan quedado bajo el foco en los últimos años. La agencia acaba de aprobar una guía que endurece las condiciones para utilizar IA en sus procesos informativos y establece una línea roja especialmente clara: no se podrán publicar fotografías o vídeos generados artificialmente que puedan hacerse pasar por imágenes reales.
La decisión adquiere especial relevancia después de los episodios que han puesto en cuestión la capacidad de los medios para verificar contenidos visuales en plena era de los bulos y las imágenes sintéticas. El último de ellos se produjo durante la guerra entre Estados Unidos e Irán, cuando circuló la acusación de que EFE y otros medios habían difundido unas imágenes de un bombardeo en Kabul ocurrido en 2021 como si correspondieran al ataque contra una escuela en Minab. La polémica llegó incluso a Grok, la IA de X, que inicialmente identificó las imágenes como las de Kabul para después rectificar y reconocer su error.
El episodio resulta especialmente significativo porque la misma inteligencia artificial que se convirtió en juez de la veracidad de las imágenes terminó equivocándose en su identificación. EFE defendió posteriormente su trabajo de verificación, mientras que el caso sirvió para evidenciar hasta qué punto las redacciones se enfrentan a un nuevo problema: ya no basta con comprobar una fotografía a simple vista y tampoco resulta suficiente confiar ciegamente en herramientas automatizadas para determinar su origen.
Una guía que llega después de varios tropiezos
El nuevo protocolo de EFE también debe leerse en el contexto de otros errores recientes de la agencia. En noviembre de 2024, el consejo de administración celebró una reunión extraordinaria después de que EFE difundiera un mensaje sobre un supuesto accidente de helicóptero en Madrid que nunca ocurrió y publicara posteriormente el falso fallecimiento del escritor Fernando Aramburu a partir de una cuenta que suplantaba a su editorial. Ambos contenidos fueron retirados y rectificados, pero el propio presidente de EFE reconoció entonces que los fallos habían dañado «la veracidad y el rigor» de la agencia.
Ahora EFE pretende reforzar precisamente ese flanco. La nueva guía establece que cualquier contenido en el que la IA tenga una intervención relevante deberá quedar sometido a supervisión humana y a los mismos controles de verificación que el resto de la información. La agencia limita además el uso de herramientas externas y establece que sus profesionales deberán utilizar sistemas autorizados por la compañía.
La norma es particularmente tajante con las imágenes. EFE no permitirá fotografías o vídeos creados con IA que puedan confundirse con imágenes reales. Las recreaciones o infografías sí podrán utilizar esta tecnología, pero tendrán que quedar claramente identificadas como contenidos artificiales. La apuesta supone, en definitiva, reconocer que la IA no puede sustituir al periodista precisamente en la tarea que más valor aporta a una agencia: comprobar que lo que está contando realmente ocurrió.
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