El porcentaje de pymes que ha alcanzado una intensidad digital básica en España es del 74,2 %, según el informe Indicadores de Intensidad Digital de las Pymes 2025 elaborado por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI). Esta cifra sitúa al país por encima de la media de la UE, sin embargo, solo un 5,6 % de las pymes logra el nivel de intensidad muy alta. El informe revela, además, una marcada disparidad según el tamaño y los sectores económicos de las empresas.
A su vez, el Barómetro de Gigas 2026, que analiza el nivel de madurez real digital de las pymes españolas, destapa una brecha digital entre la percepción y el nivel de ejecución real. Mientras que un 79 % cree que está muy digitalizada, únicamente el 9 % utiliza la tecnología avanzada y cumple los tres criterios de madurez digital: uso activo de la inteligencia artificial, procesos críticos en la nube y ciberseguridad avanzada. Este “espejismo digital”, señala Óscar Pérez, CEO de Xtremis, “está fundamentado porque se confunde la adopción de herramientas genéricas y cotidianas con una verdadera transformación estructural”.
La dependencia de soluciones de software estándar constituye una barrera y la causa directa del estancamiento tecnológico real de las empresas. Lejos de agilizar la gestión interna, la implantación de plataformas genéricas impone una rigidez operativa que obliga a las empresas a cambiar su dinámica de trabajo para adaptarse a sus limitaciones. Como consecuencia, las empresas acumulan soluciones que no se comunican entre sí o que duplican su flujo de trabajo, generando ineficiencias que disminuyen su rendimiento y lastran la productividad empresarial. Pérez identifica tres problemas principales asociados a la fragmentación tecnológica y al uso de herramientas empaquetadas que no están conectadas entre sí:
- La fragmentación de la información: al no estar integradas las aplicaciones, los datos están repartidos entre distintos sistemas y los equipos han de intercambiar información de uno a otro de forma manual, ralentizándose los procesos y multiplicando el riesgo de cometer errores.
- Rigidez y pérdida de capacidad por parte de las empresas: los sistemas estándar y heredados están diseñados de manera rígida y no siempre pueden adaptarse fácilmente a las necesidades concretas de la empresa. Cualquier cambio o modificación exige mucho más tiempo, recursos y desarrollos adicionales.
- Pérdida de tiempo y exceso de burocracia: la tecnología termina consumiendo tiempo que debería dedicarse al núcleo del negocio. Los equipos invierten parte de su jornada en introducir datos, comprobar información, resolver problemas entre aplicaciones o buscar alternativas, además de la burocracia. Un tiempo que podría aprovecharse para optimizar los procesos, atender a los clientes o impulsar nuevas oportunidades de crecimiento.
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