La desigualdad que puede generar el último Plan Veo para financiar las gafas de todos los niños que las necesiten ha sido el último foco de análisis de Juan Abarca Cidón, presidente de HM Hospitales en su perfil del LinkedIn. El directivo se pregunta el motivo por el que se financian a todos los niños y no únicamente a aquellos que tengan necesidades especiales y se pregunta qué ocurre con las necesidades odontológicas, por ejemplo.
A continuación, les reproducimos el texto de forma íntegra
Plan VEO: Cuando el principio de #redistribución consolida la #desigualdad
Ayer el Gobierno volvió a presentar la ampliación del #PlanVEO, que financiará gafas o lentillas a los menores que las necesiten con independencia del nivel económico de sus familias.
No dudo de la intención si no del criterio.
Porque llevamos décadas defendiendo un principio redistributivo – “cada uno aporta según su capacidad y recibe según su necesidad” – que cada vez se queda más corto y hay que empezar a discutirlo.
Porque no termino de entender que financiemos unas gafas exactamente igual al hijo de una familia que no puede permitírselas que al de otra que puede pagarlas perfectamente y ya lo está haciendo.
Sobre todo cuando el propio Gobierno habla de combatir la “#pobrezavisual”.
Bien.
¿Pero qué ocurre con la #pobreza odontológica# por ejemplo ?
¿Qué hacemos con un niño cuya familia no puede pagar determinados tratamientos dentales u ortodóncicos que el sistema público no cubre?
¿Tiene menos derecho que quien necesita unas gafas?
Quizá tendría más sentido financiar completamente las gafas a quienes realmente no pueden pagarlas y utilizar los recursos que ahorramos en quienes sí pueden hacerlo para ampliar otras prestaciones a esas mismas familias.
Eso sí sería redistribuir.
Y este debate será cada vez más importante.
Porque mientras universalizamos determinadas prestaciones independientemente de la renta, empiezan a aparecer medicamentos y terapias innovadoras que el sistema público decide no financiar.
Lo estamos viendo ya con determinados tratamientos para el Alzheimer.
Cuando eso sucede, el resultado es bastante paradójico: quien tiene recursos puede acudir al sector privado y pagar el tratamiento.
Quien no los tiene simplemente no puede acceder salvo que copague el 100%
Por eso creo que aferrarnos de forma dogmática a determinados modelos de financiación, sin atrevernos siquiera a replantearlos, puede terminar provocando exactamente aquello que pretendemos evitar: Un sistema sanitario de varias velocidades.
Una para quienes pueden complementar de su bolsillo aquello que el SNS no financia.
Y otra para quienes dependen exclusivamente de lo que el sistema público decide ofrecer.
El presidente decía ayer que no permitirá que la sanidad dependa del bolsillo de cada uno.
Y estoy de acuerdo.
Pero en un escenario de demanda prácticamente ilimitada y recursos inevitablemente limitados, universalidad no puede significar simplemente dar exactamente lo mismo a todos.
Debe significar algo mucho más importante: que nadie deje de recibir aquello que realmente necesita porque no pueda pagarlo.
Y para conseguirlo quizá tengamos que abrir un poco la mente.
Porque tratar exactamente igual a quienes tienen capacidades económicas radicalmente diferentes no siempre genera igualdad.
A veces consolida la desigualdad.
Hay que darle una pensada o no?
#seguimos, #palante










