Hay gente que necesita una estrategia de contenidos, focos, guiones y varias reuniones para intentar hacerse viral. Josep Casas sale delante de la cámara y dice que planta pistachos.
Y funciona.
“Soy Josep y planto pistachos” se ha convertido en su carta de presentación en redes, donde explica con naturalidad cómo funciona un negocio agrícola, cuánto tarda un pistachero en producir, qué ocurre durante la cosecha o por qué España tiene todavía mucho terreno por recorrer en el mundo de este fruto seco.
Lo que podría parecer contenido reservado para agricultores e inversores ha terminado encontrando público mucho más allá del campo. Casas asegura haber superado ya los 17.000 seguidores en TikTok gracias a varios vídeos virales.
Haber plantado pistachos
Parte de su éxito está precisamente en no parecer demasiado preocupado por parecer perfecto.
Josep habla a cámara desde las fincas, enseña maquinaria, explica números y convierte preguntas sobre agricultura en vídeos rápidos y fáciles de entender. Incluso algunas de sus expresiones han terminado formando parte del personaje que ha construido alrededor del pistacho.
Pero detrás del humor hay bastantes árboles.
Casas está al frente de EuroPistachios, un proyecto que actualmente gestiona más de 2.000 hectáreas en España y que trabaja toda la cadena, desde las plantaciones hasta la transformación del fruto.
Su historia con el cultivo comenzó en 2020, cuando empezó con unas 50 hectáreas en Lleida. Lo que entonces era una apuesta a largo plazo ha terminado creciendo hasta convertirse en un proyecto agroindustrial mucho mayor.
Y esto es importante porque el pistacho exige algo que en TikTok escasea bastante: paciencia.
Un árbol necesita años antes de alcanzar su máxima producción. No existe el botón de acelerar, no sirve conseguir más visualizaciones y tampoco hay algoritmo capaz de convencer al pistachero de que dé fruto mañana. Quizá precisamente por eso su historia resulta tan simpática.
Del árbol al bote
El siguiente paso ha sido Tacho, su propia crema de pistacho.
En lugar de limitarse a cultivar y vender el fruto, Casas ha decidido enseñar también en redes cómo intenta construir una marca desde cero. Él mismo reconoce que exponerse personalmente forma parte de la estrategia: una empresa recién nacida apenas tiene una historia que contar, pero la persona que está detrás sí.
Y de momento parece estar funcionando.
Casas asegura que, apenas unos meses después de comenzar, la marca ronda los 50 pedidos diarios a través de internet y ha empezado a recibir el interés de tiendas gourmet, panaderías y otros negocios.
El producto utiliza pistachos procedentes de las propias explotaciones del grupo y la idea es cerrar completamente el círculo: plantarlo, recogerlo, transformarlo y venderlo aquí.
El agricultor que entendió TikTok
Puede que esa sea la parte más interesante del fenómeno.
Las redes están llenas de gente intentando encontrar un nicho. Josep tenía literalmente un campo entero.
Mientras unos buscan tendencias para conseguir visitas, él enseña cómo funciona una máquina recolectora, explica cuánto cuesta plantar una hectárea o se coloca delante de cientos de árboles para contar por qué cree que el pistacho español tiene futuro.
Sin solemnidad y sin intentar convertir cada publicación en una clase de economía.
El resultado es una combinación poco habitual de campo, emprendimiento y humor que está consiguiendo algo todavía más raro: que miles de personas que probablemente nunca habían pensado en cómo crece un pistacho terminen viendo el vídeo hasta el final.
Internet es imprevisible.
Hoy puedes hacerte famoso bailando.
Mañana, cocinando.
Y pasado mañana aparece Josep para demostrar que también existe otra opción:
haber plantado pistachos.










