En la Tierra a domingo, octubre 11, 2026

BARCALA, DE CAGADA EN CAGADA

Alicante tiene mar, aeropuerto, universidad, clima, puerto, turismo y una provincia que corre. Lo verdaderamente difícil era conseguir que la capital pareciera ir andando, perdón en silla de ruedas cuadradas…

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Luis Barcala se está luciendo, de cojones. Y cuanto más intenta explicar que Alicante avanza, más ciudadanos miran alrededor buscando exactamente hacia dónde. Porque una ciudad no se gobierna a golpe de render, fotografía, nota de prensa y proyecto anunciado por quinta vez. Una ciudad se gobierna consiguiendo que funcione. Y Alicante tiene demasiadas cosas que no funcionan como deberían.

Obras que parecen eternas, todos los años se llenan de heces las calles cercanas al mar en la zona de los centros comerciales de los años 70… todos los años en verano, cuando llegan los madrileños, revientan, va por el 5 año… Calles que vuelven a abrirse cuando todavía recordábamos la última zanja. Barrios que exigen limpieza, es deprimente ver el centro, pero las zonas de alrededor de los hospitales, las Carolinas, los parques de las zonas de los ingleses, todo sin barrer, todo lleno de baches, todo sucio y los jardines con hojas de hace 5 años y mierdas de perro de hace 10… Comercio que pelea por mantener el pulso. Patrimonio que necesita atención constante. Una costa extraordinaria que todavía sigue esperando una política turística acorde con una capital mediterránea de primera división, que no lo es y con este gobierno municipal de constructores de barrios subvencionados para ricos, menos.

Menos mal que… Mientras alrededor pasan cosas. Benidorm sigue siendo una máquina turística. La Nucía ha construido una identidad deportiva que parece desproporcionada para su tamaño, pero que es alucinante gracias a su alcalde, al que no conozco, pero admiro. Elche combina industria, universidad, patrimonio y músculo empresarial, grandes polígonos de verdad, no la chusta que tenemos en Alicante…

El Campello, sin necesidad de presumir de capitalidad, consigue tener temporadas en las que parece que hay más calle que en media Alicante. Y nosotros seguimos presentando maquetas. Pero si algo resume el momento político de Barcala no son las baldosas que marean cuando paseas y te dan vómitos, ni las calles con olor a pis.

Son Les Naus.

Una promoción de vivienda protegida sobre suelo municipal que ya tiene 18 investigados en una causa judicial y que mantiene abiertas preguntas sobre procedimientos, adjudicaciones, responsabilidades administrativas y quién conocía qué dentro del Ayuntamiento. Que quede claro: investigado no significa culpable. Pero no es inocente, es sospechoso, porque si no, por qué se le investiga… Y tampoco significa que la política tenga derecho a esconderse detrás de la toga mientras espera cinco años a que alguien dicte sentencia. La Justicia decide delitos. Los ciudadanos juzgan la gestión. Y ahí Barcala tiene un problema mucho más sencillo de entender.

Durante meses, cuando se le preguntaba por Les Naus, llegó a responder: “No contesto a ninguna pregunta relativa a Les Naus”. Después fue citado oficialmente por la comisión municipal que investigaba el asunto, sus asesores de la SER, los que le dicen con quién sí y con quién no…

El día que llegué a Alicante a pasar una temporada de recuperación, pedí al prepotente del dircom del alcaldín que quería hablar con él y tener una entrevista. El prepo ni contestó… Sigo queriendo la entrevista, pero a buen seguro que no, porque tendría que dimitir el relamido del alcaldín -término asturiano, no insulto-
Magnífico concepto de transparencia. El alcalde de la quinta ciudad de España tiene un escándalo político delante, los periodistas preguntan y la respuesta es que no contesta. ¿Entonces para qué queremos ruedas de prensa? Y costosos asesores como los de Sánchez… ¿Para preguntar por las luces de Navidad? Para eso está el colgado de Vigo…

La última semana tampoco ha ayudado demasiado. Manuel Villar ha tenido que negar públicamente que conociera desde 2022 determinadas circunstancias relacionadas con Les Naus, contradiciendo la versión judicial de una exresponsable municipal. La oposición le exigió explicaciones y dimisiones. Y Barcala está en medio, como perejil de todas las salsas… No necesariamente como responsable penal, sino como salsero mayor… Y, sí inevitablemente como responsable político máximo del Ayuntamiento.

Pero aquí hemos inventado una nueva forma de gobernar: cuando algo sale bien, foto del alcalde; cuando algo sale mal, expediente, funcionario, comisión, procedimiento y ya veremos. Eso no es liderazgo. Eso es administración de la distancia y la corrupción.

Luego está esa sensación de suficiencia que rodea al poder municipal. Esa manera de decidir quién merece explicación, qué medio merece respuesta y cuándo una pregunta empieza a molestar demasiado. Pues no. Alicante no es Barcalandia. Ni pertenece al PP. Ni a la SER. Ni a ningún pequeño círculo de asesores, concejales y amigos satisfechos de escucharse entre ellos. Pertenece a los alicantinos. Y aquí aparece nuestro nuevo concepto: SERIFUNDIO…

… Dícese del territorio diminuto en el que una determinada clase dirigente se escucha a sí misma hasta convencerse de que fuera no existe nada. Un minifundio mental. Una parcelita de poder’… Una palmadita en la espalda desde Madrid y todos interpretan inmediatamente: “Barcala está blindado”. ¿Seguro? En política una palmada puede significar apoyo. Pero también puede significar que alguien está comprobando dónde tienes la espalda. Porque Génova sabe contar. Y sabe leer encuestas. Y, sobre todo, sabe desprenderse de alcaldes cuando empiezan a pesar más de lo que aportan, como de presidentes, ¿verdad Mazón?.
Barcala todavía tiene proyectos que enseñar. El Parque Central avanza mediante colaboración entre Ayuntamiento, Generalitat y Gobierno central, y existen inversiones reales en patrimonio, incluida la restauración de la muralla del Castillo de Santa Bárbara. Eso también forma parte de su gestión y sería absurdo negarlo. Pero precisamente por eso la pregunta resulta todavía más incómoda: ¿por qué una ciudad con semejante potencial transmite tantas veces sensación de oportunidad desperdiciada?

Alicante no necesita otro alcalde satisfecho consigo mismo. Necesita ambición. Gestión. Calle. Comercio. Turismo de nivel. Patrimonio vivo. Barrios cuidados. Y menos ‘GAMBA’ menos exhibicionismo barato de recortes ‘barbunos’… el tiempo para los alicantinos, tú tiempo es nuestro y si no deje la poltrona, porque de ahí no vas a pasar, por muy ambicioso que seas… Ya hay otros que no estuvieron, que no están pero que no paran de joder…

Y una administración que cuando aparece un problema no contesta con un “de eso no hablo”… El PP debería pensarlo muy seriamente antes de volver a ofrecer a Alicante simplemente continuidad. Cambiar candidato no significa poner un florero. Significa encontrar a alguien que comprenda que ser alcalde no consiste en ocupar el sillón, sino en merecerlo cada mañana. Porque el verdadero problema de Barcala ya no es una cagada. Es la acumulación. Una detrás de otra. Y llega un momento en política en el que la pregunta deja de ser cuánto aguanta un alcalde. La pregunta pasa a ser: ¿cuánto más está dispuesta a aguantar Alicante?

¡Mis vecinos están hasta la coronilla!…
¡Ah!, la próxima entrega: ‘Las hijas de los Bakalas y sus fisioterapias’

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

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