Prevenir la obesidad infantil requiere incorporar hábitos saludables a la vida cotidiana de toda la familia. La alimentación, el movimiento y el descanso forman parte de un mismo objetivo: cuidar la salud física y emocional desde los primeros años. Este fue el enfoque del taller “Crecer sanos en familia. Claves frente a la obesidad infantil”, recientemente organizado por el Hospital Universitario Rey Juan Carlos –perteneciente a la red sanitaria pública de la Comunidad de Madrid (Sermas)- para trasladar a las familias recomendaciones prácticas y sostenibles.
“La mejor estrategia es centrarse en los hábitos, y no en el peso”, asegura la Dra. Beatriz Villafuerte, especialista en Endocrinología Pediátrica del hospital mostoleño, aconsejando a los padres ofrecer opciones saludables, establecer rutinas, dar ejemplo con sus propias conductas, evitar utilizar la comida como premio o castigo y respetar las señales de hambre y saciedad del niño. “El propósito es que aprenda a relacionarse con la alimentación de una forma equilibrada y positiva”, dice.
La obesidad infantil constituye uno de los principales problemas de salud en la infancia y la adolescencia, con consecuencias que pueden afectar tanto al bienestar físico como al emocional. En ese sentido, los expertos consideran importante evitar la normalización de algunas conductas, como el consumo frecuente de productos ultraprocesados, el exceso de tiempo de pantalla y la falta de actividad física. Revisar estas rutinas permite orientar la prevención hacia lo que las familias hacen cada día.
Alimentación y rutinas compartidas
Entre los errores más frecuentes, hay que señalar el consumo excesivo de refrescos, bollería, snacks y otros productos ultraprocesados, junto con una baja ingesta de frutas, verduras y legumbres. A ello se suman las comidas delante de pantallas, los horarios poco regulares y la reducción del tiempo dedicado al juego activo y al ejercicio, especialmente durante la adolescencia.
Las recomendaciones en este ámbito pasan por ofrecer una alimentación basada en alimentos frescos, priorizar el agua como bebida habitual, limitar los ultraprocesados y compartir comidas en familia, sin pantallas. Lo más importante es que estos hábitos sean sostenibles y formen parte de la rutina familiar, siendo además esencial darles continuidad para que se mantengan en el tiempo.
La alimentación saludable ocupó uno de los bloques del taller, con la participación de Vanessa Cevallos, nutricionista del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, y Nerea Sánchez Martín, enfermera de Atención Primaria del Centro de Salud Sevilla La Nueva. Por su parte, la Dra. Villafuerte abordó la obesidad infantil como enfermedad, mientras que las doctoras Cristina Arias y María Fernández, ambas especialistas del Servicio de Pediatría del hospital mostoleño, trataron la actividad física y el tiempo de pantallas.
Movimiento, pantallas y descanso
El sedentarismo, las pantallas, el sueño y la actividad física están estrechamente relacionados: un exceso de tiempo ante las pantallas puede reducir el dedicado al movimiento, al descanso y a la vida familiar. Por el contrario, la actividad física regular y un sueño adecuado ayudan a cuidar la salud metabólica, favorecen el bienestar emocional y contribuyen a establecer hábitos saludables para la edad adulta, explica la especialista.
Fomentar el juego y la actividad física diaria y garantizar un buen descanso forman parte, por tanto, de la prevención. Un reto en el que los adultos desempeñan un papel central. Y es que “los padres y cuidadores son el principal ejemplo para los niños”, recuerda la Dra. Villafuerte.
Consultar ante las dudas
Como conclusión del taller, los especialistas aconsejan acudir a un profesional sanitario siempre que surjan dudas sobre el crecimiento, el peso o la alimentación del niño. También recomiendan consultar ante una ganancia excesiva de peso, dificultades importantes con la alimentación o cualquier situación que genere preocupación. Y recuerdan: una valoración precoz permite detectar problemas y ofrecer recomendaciones adaptadas a cada familia.
Este mensaje principal del taller se apoya, además, en cambios cotidianos mantenidos en el tiempo. En definitiva, la conclusión fue clara: “No existen soluciones rápidas ni dietas milagro; la clave está en los hábitos diarios… Comer mejor, moverse más y dormir adecuadamente pueden contribuir a mejorar la salud presente y futura de toda la familia”, concluyen.
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