Durante décadas, los rostros de los niños han sido uno de los principales recursos de la publicidad infantil para transmitir emoción, espontaneidad y cercanía. Pero hoy, hay marcas que se cuestionan ese código y apuestan por revisarlo. Es el caso de Pablosky, que ha emitido un comunicado para informar que a partir de ahora dejará de mostrar los rostros de los niños para preservar su privacidad.
“Durante muchísimos años, la publicidad ha entendido que los rostros son uno de los principales recursos para conectar emocionalmente. Nosotros también los hemos utilizado. Y ahora nos estamos planteando si podemos seguir emocionando a las familias sin necesidad de mostrar las caras de los niños. No voy a negar que es un gran reto creativo, pero precisamente por eso también es interesante”, explica Eva Martín-Caro, directora general de Pablosky.
Este paso se enmarca en la evolución de Pablosky como marca familiar e infantil. Ahora, amplía su mirada hacia otro ámbito de preocupación creciente para padres y madres: la privacidad de los menores en el entorno digital.
“Nuestro propósito siempre ha sido ayudar a que las familias tengan una preocupación menos. Hoy esa preocupación no está solo en el producto, sino también en cómo se representa la infancia en un contexto digital que cambia muy rápido. Este compromiso nace exactamente de ahí: de preguntarnos qué puede hacer Pablosky, desde su lugar como marca infantil, para actuar con más responsabilidad”, señala Martín-Caro.
La decisión no supone dejar de hablar de infancia ni de trabajar con niños y niñas en las producciones de la marca. Al contrario: Pablosky seguirá mostrando juego, movimiento, colegio, familias, producto, etapas y vida real. Lo que cambia es la forma de mirar y mostrar esa infancia.
El nuevo código visual de la marca priorizará imágenes donde el producto, el movimiento, el gesto, el contexto, las manos, los pies, la espalda, el juego o la escena cotidiana sean protagonistas, evitando que la identidad del menor sea el recurso central de la imagen.
“No queremos plantear este compromiso como una lección para nadie. No buscamos señalar a familias, marcas ni instituciones. Esta es una decisión sobre cómo Pablosky quiere actuar y comunicar a partir de ahora. Creemos que una marca infantil también debe hacerse preguntas sobre el impacto de sus imágenes y sobre el papel que ocupa en la cultura visual de la infancia”, añade Eva Martín-Caro.
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