En abril de 2024 se detectó un vertido de hidrocarburos al pie de tres depósitos del antiguo campo de producción de hidrocarburos de La Lora, en Sargentes de La Lora (Burgos). El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) concluyó las actuaciones de control y gestión en diciembre de 2025, tras una intervención que supuso una inversión de 445.698,46 euros.
Las cifras dan idea del alcance de los trabajos: en total se gestionaron 376 toneladas de hidrocarburos y aguas emulsionadas y 234 toneladas de tierra afectada por hidrocarburos. Según el MITECO, la intervención incluyó la eliminación de los tres depósitos, la retirada del hidrocarburo y de los suelos afectados, la limpieza de la mezcla de hidrocarburo y agua en 20 pozos, el vaciado e inertizado de otros depósitos y otras medidas de control.
El caso vuelve a poner el foco en una cuestión que afecta a cualquier instalación de almacenamiento de combustible: la importancia de mantener los depósitos en buen estado antes de que aparezca el problema.
Agua, sedimentos y corrosión: los riesgos que plantea el deterioro de los depósitos
El mantenimiento de un depósito no se limita a comprobar si existe una fuga visible. Con el paso del tiempo pueden acumularse agua, sedimentos, lodos y otros residuos, mientras que los componentes metálicos pueden verse afectados por procesos de corrosión. Estos factores, a menudo poco perceptibles desde el exterior, pueden derivar en:
- deterioro de la calidad del combustible;
- corrosión y pérdida de integridad de los depósitos;
- problemas en tuberías, filtros y equipos asociados;
- aparición de fugas;
- contaminación del suelo o del agua en caso de pérdida de estanqueidad.
La normativa española recoge esta preocupación: la detección de fugas y el control de la integridad de las instalaciones forman parte de las exigencias de seguridad. En las instalaciones de suministro a vehículos, el Real Decreto 706/2017, que aprueba la ITC MI-IP 04, establece sistemas de detección de fugas para los tanques enterrados de doble pared y exige sistemas de detección electrónica en las tuberías de impulsión.
Para hacerse una idea del nivel de control previsto, basta un dato: determinados sistemas de detección electrónica deben realizar pruebas mensuales con un límite mínimo de detección de 0,8 litros por hora y pruebas semestrales capaces de detectar fugas de 0,4 litros por hora. Además, cuando se produce una señal de alarma, la instalación debe iniciar de inmediato la investigación y, si se confirma una pérdida de estanqueidad, adoptar las medidas correspondientes para poner fuera de servicio la tubería o vaciar el tanque.
La limpieza de los depósitos, una actuación dentro del mantenimiento preventivo
Entre las actuaciones de mantenimiento, la limpieza ocupa un lugar central, ya que permite retirar acumulaciones de residuos, lodos, agua y otros elementos que pueden afectar tanto al combustible como al estado de la instalación.
En este contexto, la limpieza de tanques de combustible forma parte de las actuaciones destinadas a conservar los depósitos en condiciones adecuadas y detectar posibles problemas antes de que deriven en incidencias mayores.
Una intervención profesional puede incluir, según el caso:
- extracción de residuos y sedimentos;
- retirada de agua e hidrocarburos acumulados;
- revisión del estado interior del depósito;
- trabajos de desgasificación cuando sean necesarios;
- gestión adecuada de los residuos generados;
- comprobaciones posteriores.
Se trata, en todo caso, de trabajos que requieren procedimientos de seguridad específicos, equipos adecuados y personal especializado. No son tareas que deban abordar por su cuenta empresas o particulares sin la preparación y los medios necesarios, dados los riesgos asociados a los vapores, los residuos y los espacios confinados.
El mantenimiento preventivo gana importancia en la gestión de las instalaciones
El episodio de La Lora ilustra una tendencia más general: la gestión de depósitos de combustible no consiste únicamente en actuar cuando ya existe una fuga o un problema. Cada vez cobra más peso un enfoque preventivo que combina revisión, detección de fugas, limpieza, control del estado del depósito y gestión de residuos.
Este enfoque cuenta, además, con respaldo normativo. El RD 706/2017 establece que las instalaciones de suministro a vehículos con una capacidad total de almacenamiento superior a 5.000 litros deben disponer de un libro de revisiones, pruebas e inspecciones donde se registren las actuaciones realizadas. Es una muestra de que las instalaciones están sometidas a controles y registros que permiten seguir su evolución en el tiempo.
El objetivo del mantenimiento preventivo no es únicamente prolongar la vida útil de un depósito, sino reducir la posibilidad de que un problema de integridad, contaminación o acumulación de residuos termine convirtiéndose en una incidencia de mayor alcance.
Fuentes: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO); BOE, Real Decreto 706/2017 (BOE-A-2017-9188).









