Montesquieu, Descartes, Diderot, D’Alembert, Rousseau…
Liberté, égalité, fraternité.
Y dos siglos después, Francia vuelve a la calle, no para escribir una enciclopedia, sino para comprobar cuánto tarda una sociedad cansada en empezar a romper escaparates.
Jóvenes frustrados, ultras encantados de echar gasolina al enfado, policías recibiendo la orden imposible de contener una ciudad que arde por dentro antes de arder por fuera.
Y mientras unos saquean en nombre de no se sabe qué libertad y otros piden mano dura en nombre de no se sabe qué República, la vieja Francia ilustrada mira el espectáculo desde una estantería.
Los enciclopedistas querían ordenar el conocimiento.
Nosotros hemos conseguido ordenar el caos por bloques ideológicos.
Liberté para los míos. Égalité cuando me conviene. Fraternité si piensas como yo.
Diderot habría cerrado el tomo.
Y Rousseau, probablemente, habría salido corriendo en busca de El Emilio.
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…










