La última, Adam, ha vuelto a golpear el sur de Valencia y el norte de Alicante con cifras que deberían hacernos abandonar de una vez el lenguaje de la sorpresa: más de 600 litros por metro cuadrado en Pego en apenas día y medio, más de 2.000 evacuados, centenares de rescates y seis fallecidos en España. En algunos puntos se superaron incluso los 700 litros acumulados.
Y todavía tenemos fresca la DANA de octubre de 2024, que dejó 233 muertos según el balance actualizado manejado en 2026. Aquello ya debería haber cambiado para siempre nuestra forma de mirar barrancos, ramblas, carreteras, sótanos y urbanizaciones levantadas donde el agua lleva siglos recordándonos por dónde quiere pasar. En Alicante se construyen en estas zonas inundables, campos de golf, rodeados de casas… No aprendemos.
Pero la memoria española es corta incluso cuando viene llena de barro.
En 1982 se rompió la presa de Tous. La famosa pantanada dejó más de 30 muertos y unas 100.000 personas evacuadas. Aquel desastre obligó a mejorar sistemas de vigilancia meteorológica que entonces parecían modernos. Cuarenta y cuatro años después seguimos aprendiendo la misma lección: el agua no negocia con el urbanismo, ni con el alcalde, ni con el presidente, ni con el calendario electoral, ni con los especuladores…
La diferencia está en lo que hacíamos antes.
Esta vez hubo alertas masivas, confinamientos, evacuaciones y más coordinación. Y eso salva vidas. Desde la catástrofe de 2024 el uso del sistema ES-Alert se ha multiplicado, precisamente porque se entendió tarde algo elemental: avisar pronto es muchísimo más barato que rescatar tarde. Pero avisar no basta. E insistido en que se utilicen drones para rescatar a los paisanos, animales… Por 7.000 euros tenemos drones que rescatan gente de dentro del agua de la playa, cuando se ahogan y a los que están en las terrazas, mientras ven como sus sueños se los lleva el agua. Para evitar tener que comprar demasiados drones, que a buen seguro el alcalde de Benidorm lo tendrá en cuenta, antes, hay que limpiar barrancos y cauces donde corresponda técnicamente. Hay que revisar drenajes. Hay que dejar de construir en lugares que sabemos inundables. Hay que identificar residencias, hospitales, colegios y urbanizaciones con población vulnerable. Hay que tener rutas de evacuación reales, no líneas bonitas dibujadas en un PDF que nadie ha recorrido jamás.
Y hay que decir la verdad. Si una zona puede inundarse, se dice. Si una vivienda está en riesgo, se dice. Si hay que evacuar, se evacúa. Aunque moleste. Aunque afecte al turismo. Aunque alguien pierda votos. Porque el mundo cambia y nosotros insistimos en vivir como siempre. Cervecita, terracita, solecita… jajajajaja…
Además envejecemos. España no tiene una esperanza de vida cercana a los cien años, pero sí una población cada vez más longeva. Eso significa más personas con movilidad reducida, más dependientes, más gente que no puede salir corriendo cuando llega una alerta al teléfono. Y ahí aparece la verdadera política de prevención: ¿quién va a buscarles? ¿Quién sabe que viven solos? ¿Quién tiene llave? ¿Quién dispone de vehículos? ¿Dónde se les lleva? ¿En cuánto tiempo? Eso debería ensayarse igual que un simulacro de incendio. Porque cuando llegan 400, 500 o 600 litros por metro cuadrado ya no hay tiempo para improvisar.
Europa también está viendo el mismo patrón: inundaciones recientes en Grecia, temporales más extremos y una sucesión de episodios que obliga a pensar las ciudades no para el clima que conocimos, sino para el que viene. El agua siempre ha entrado y salido por donde ha querido. Lo nuevo es que ahora sabemos mucho mejor por dónde va a hacerlo. Tenemos satélites. Radar. Modelos meteorológicos. Mapas de inundabilidad. Alertas a millones de teléfonos. Drones. UME. Bomberos. Protección Civil. Ingenieros.
Lo que ya no podemos permitirnos es tener toda esa tecnología y seguir comportándonos como campesinos medievales mirando una nube y rezando. La solución no consiste en prometer que no volverá a ocurrir. Va a volver a ocurrir. La solución es conseguir que, cuando ocurra, el agua se lleve coches, barro y muebles… pero no personas.
Seguiré insistiendo en la inversión en drones que rescaten con la ayuda de nuestra Guardia Civil sin tener que jugarse el tipo por un gato, un perro o el hámster del niño…
Porque contra una DANA no se gobierna después. Se gobierna antes de que caiga la primera gota. Y esto nuestros políticos no lo entienden, para eso pagan a asesores que asesoran y después desaparecen ante la evidencia…
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…










