María Corina Machado ha decidido volver al centro del tablero a golpe de petróleo. Desde Panamá, acusa a Alejandro Betancourt de “corrupción obscena” justo cuando NABEP acaba de quedarse con derechos de explotación sobre 17 campos venezolanos con unas reservas anunciadas de 65.000 millones de barriles y un horizonte de 100 años. El acuerdo prevé además una participación estadounidense del 35% y acceso preferente de Washington a parte del crudo. No estamos hablando precisamente de una gasolinera de carretera.
El problema para Machado es que Betancourt no es sólo un empresario incómodo: es hoy una pieza útil para Washington. Funcionarios estadounidenses lo presentan como un operador probado; Axios llegó a recoger de un alto cargo la frase: “sin Betancourt, no habría acuerdo de seguridad energética”, mientras sus abogados recuerdan que, pese a años de investigaciones en distintos países, nunca ha sido condenado ni acusado formalmente en esas causas.
Y ahí está la gracia de esta historia. Corina quiere entrar en la transición, pero la transición está avanzando por otros carriles. Mientras ella dispara contra Betancourt, NABEP anuncia cerca de 100.000 millones de dólares en inversiones, más de un millón de barriles diarios como objetivo y ya ha recibido nuevas plataformas y equipos tras años sin inversión comparable. Puede que Machado tenga razones políticas para desconfiar. Puede incluso que alguna de sus críticas termine siendo acertada. Pero hoy la foto es bastante menos épica: ella denuncia; él perfora.
Y cuando en política uno necesita recuperar protagonismo atacando al hombre que tiene el taladro, el petróleo y a Washington detrás, quizá no esté marcando la agenda.
Quizá simplemente esté intentando que no la dejen fuera de la foto.
Corina alucina.
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…










