Lula parecía acabado y ha vuelto a hacerlo. Brasil le ha dado otra vida política mientras Flávio Bolsonaro, derrotado, discute el resultado y pide revisar unas elecciones que no le han gustado. La nueva democracia mundial funciona así: si gano, el pueblo es sabio; si pierdo, el sistema está roto.
Y mientras Brasil revive a Lula, Serbia hace justo lo contrario: una lista nacida de las protestas estudiantiles rompe el tablero y se coloca al frente con un cardiólogo como rostro visible. Viejos líderes que resucitan, jóvenes que irrumpen, aparatos que se tambalean.
El mundo no está votando normal. Está votando cabreado.
Y ahí va la lección: las encuestas ordenan el paisaje, pero las urnas meten fuego.
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…








