Hoy no puedo. Lo siento. No puedo soportar las imágenes, las noticias, los testimonios. No podría sentarme delante de una cámara de televisión y contar una viñeta tras otra de este horror. Personas que salieron de casa pensando en llegar a su destino y que encontraron una tragedia en mitad de una vía. Una maleta, un teléfono, un asiento vacío. Una vida que hace unas horas todavía tenía planes para mañana.
Un tren detenido. Otro que lo alcanza. Vagones que caen por un terraplén. Gritos, ambulancias, bomberos, guardias civiles y sanitarios intentando arrancarle vidas a la muerte. Se habla de fallecidos, heridos, personas atrapadas. Las cifras cambian y las preguntas se multiplican. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué? ¿Cómo es posible? No sabemos todavía quién o qué ha fallado. Pero necesitamos saberlo. Todo. Sin excepciones.
Me jode que nos roben. No puedo soportar que nos maten. Y no estoy diciendo que alguien haya provocado deliberadamente esta tragedia. Estoy diciendo que viajar en tren no puede convertirse en un acto de fe. Que la seguridad no admite propaganda, ni excusas, ni estadísticas utilizadas para ocultar preguntas. Y que, si hubo errores humanos, técnicos, de mantenimiento o de organización, deberán conocerse y asumirse las responsabilidades correspondientes. Hablamos de la modernización de un país que está abandonado.
Ahora llegarán las declaraciones, los minutos de silencio, los pésames, las visitas institucionales y las discusiones políticas. El Gobierno tendrá que dar explicaciones. La oposición deberá exigirlas sin convertir los muertos en munición electoral. Y los medios tendremos que recordar algo elemental: antes que una exclusiva hay una familia esperando saber si alguien sigue vivo.
No hay suficientes fechas en el calendario para recordar todo lo que nos está pasando. A veces pienso que vivimos saltando de una tragedia a otra sin tiempo para llorar la anterior. Y me pregunto dónde está alguien capaz de devolvernos la tranquilidad, la confianza, la certeza de que subir a un tren significa simplemente ir de un lugar a otro, de poder ir por la carretera sin caer en un bache, una curva sin peralte, una obra hecha deprisa y corriendo…
Hoy no quiero buscar culpables sin pruebas. Quiero respuestas. Quiero que rescaten a todos los que puedan rescatar. Que atiendan a los heridos. Que acompañemos a las familias. Que investiguen hasta el último tornillo, la última orden y la última decisión.
Y quiero que mañana podamos subirnos a un tren sin tener que despedirnos como si fuera la última vez.
Perdonadme. Hoy la información me hace llorar.
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…










