El presidente del Ateneo de Madrid, conocido operativo a favor del PSOE ‘ganador’ (prefiere obviar aquellos tiempos en que fue un puntal de Susana Díaz y menospreciaba a Pedro Sánchez, como tantos otros que hoy abrevan en esa charca) y voz de su amo en las tertulias sanchistas del josepablismo, ha considerado recientemente que Puente no sólo no debe dimitir, sino que está dando una lección de comunicación política.
Mientras tanto, Arroyo continúa tensando cuerdas. Recientemente, en otra de sus intervenciones, ‘señaló’ a la Comunidad de Madrid por haber otorgado publicidad institucional a un medio que no destaca por su simpatía al Ejecutivo de Sánchez cuando hace unos años montó una pataleta después de que el Ejecutivo madrileño le cambiase el modelo de subvenciones a la institución que preside.
Y es que en estos años Arroyo ha ‘canibalizado’ el Ateneo con una tropa de afines, lo que ha despertado ciertas inquietudes al considerar que ha escorado la institución. Ya hubo cierta inquietud cuando se postuló como portavoz de un imputado Zapatero, pues algunos socios no consideraban normal que el presidente del Ateneo mostrase dicha alineación sin ninguna prudencia. Que, como ya hemos señalado, terminó como una opera bufa.
Sin embargo, Arroyo continúa inasequible al desaliento, metiéndose en todos los charcos en defensa del sanchismo y sus nombres. Poco importa que hace poco un medio como ‘ESDiario’ señalase que su consultora se anuncia como un ‘lobby’ o que el propio Arroyo incluya entre sus múltiples ocupaciones la de casero, gestionando más de veinte propiedades entre Madrid y Toledo. Nada que objetar si no fuera porque, según sectores del Gobierno al que tanto defiende, entraría en la categoría de “gran tenedor”, tan satanizada a pesar de estar tan presente entre diversos miembros del Ejecutivo. Algunos de ellos, personajes cercanos al propio Arroyo.
Todo ello no importa para Arroyo, que, como señalan quienes le han conocido, muestra siempre un ego más grande que el inmueble de Prado, 21. Consultor, asesor, portavoz, presidente de institución, tertuliano, casero… Las facetas de Arroyo son múltiples y diversas y las líneas que las dividen, si es que existen, más que difusas. Que le pregunten al defenestrado Luis Rubiales.
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