En la Tierra a miércoles, noviembre 4, 2026

RENFE: MANTENIMIENTO Y ELECTRICIDAD

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Hace unos días, ante el horroroso accidente de Urda, me puse en contacto con un especialista en electricidad industrial electrónica y electromecánica de maquinaria que me contó lo que sigue:

Cuando una empresa —a menudo a través de un departamento de Recursos Humanos desconectado de la realidad de planta o mandos intermedios sin experiencia en el oficio— diseña un proceso de selección basado en preguntas genéricas, test psicotécnicos abstractos o temarios totalmente desvinculados de la realidad del puesto, se genera una disfunción operativa importante.

En un perfil tan técnico y especializado como el de un electricista industrial, este desajuste provoca consecuencias directas tanto para la empresa como para el propio candidato:

1. Falsos negativos: Se rechaza al mejor talento técnico

Los profesionales con alta cualificación real, años de experiencia en mantenimiento correctivo/preventivo y una gran destreza resolutiva en campo suelen chocar frontalmente con pruebas teóricas abstractas o de lógica estéril.

Un electricista experimentado puede no recordar una fórmula matemática compleja de memoria o fallar en un acertijo psicotécnico de patrones visuales.

 El resultado: La empresa descarta automáticamente a operarios competentes que sabrían interpretar un plano unifilar complejo, realizar un aislamiento correcto (megado) o diagnosticar una falta en un variador de frecuencia en cuestión de minutos.

2. Falsos positivos: Se contrata al candidato equivocado

El reverso de la moneda es que este tipo de exámenes premia a perfiles con gran habilidad para memorizar teórica o aprobar test tipo test, pero con nula experiencia práctica.

 Se puede dar el caso de aprobar con nota un examen genérico y que, al primer día en la planta, el trabajador no sepa usar con soltura un multímetro para medir caídas de tensión, confunda la nomenclatura de bornas en un esquema de maniobra o carezca de los reflejos y el criterio de seguridad necesarios ante una avería imprevista en un cuadro eléctrico.

3. Degradación de la imagen de la empresa y pérdida de candidatos

Para un técnico cualificado, enfrentarse a una prueba que no guarda relación con su oficio transmite una señal de alarma clara: la empresa no sabe lo que hace ni comprende las necesidades del puesto.

 Esto genera frustración inmediata y pérdida de interés. Los mejores profesionales suelen tener opciones en el mercado laboral; si perciben desorganización o incompetencia técnica en el proceso de selección, es muy probable que declinen la oferta o abandonen el proceso voluntariamente.

4. Riesgo directo para la seguridad y la productividad

En un entorno industrial, la electricidad no perdona los errores de bulto. Un electricista que no ha sido evaluado en sus competencias reales (como el cumplimiento de las Cinco Reglas de Oro, el trabajo seguro con tensiones industriales o el conexionado correcto de motores trifásicos) representa un riesgo operativo crítico:

 Paradas de línea prolongadas por diagnósticos erróneos.

 Daños en equipos de altos presupuesto (autómatas, motores, transformadores) por malas prácticas de cableado o protección.

 Incidentes de seguridad laboral (cortos, arcos eléctricos) derivados de una falsa sensación de aptitud técnica.

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

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