En la Tierra a miércoles, mayo 20, 2026

Mercedes Milá vuelve a ser ‘periodista’ pero no abandona GH

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Nadie pone en duda que Mercedes Milá es una muy buena periodista. Lo es y lo ha sido a lo largo de una trayectoria plagada de éxitos. El retaje de investigación de ‘El diario de..’ que Telecinco emitió sobre la historia de la viuda y el verdugo de Ramón Baglietto es, a todas luces, un trabajo excelente su calidad y su riesgo palpable a cada vuelta de la esquina. Frente a estos resultados, nos preguntamos qué la periodista se empeña en explotar formatos de telerealidad que ya han pasado sus mejores épocas y que sólo contribuyen a empeorar la calidad de la televisión.

Nadie pone en duda que Mercedes Milá es una muy buena periodista. Lo es y lo ha sido a lo largo de una trayectoria plagada de éxitos. El retaje de investigación de ‘El diario de..’ que Telecinco emitió sobre la historia de la viuda y el verdugo de Ramón Baglietto es, a todas luces, un trabajo excelente su calidad y su riesgo palpable a cada vuelta de la esquina. Frente a estos resultados, nos preguntamos qué la periodista se empeña en explotar formatos de telerealidad  que ya han pasado sus mejores épocas y que sólo contribuyen a empeorar la calidad de la televisión.

 

El programa de Milá ha logrado lo que pocos: una objetividad placable, dentro de lo humanamente parcial que se puede ser cuando tienes delante a un asesino confeso que, además, no muestra síntomas de arrepentiento alguno su pasado. Recordemos que el código deontológico de la profesión recomienda al periodista, al tratar temas de terrorismo, sentirse y actuar como parte agredida.

 

El retaje realizado ATLAS navegó un sendero de inquietudes, de pasados turbulentos y de miedos latentes; nutriéndose de fuentes bien documentadas y de testonios directos de los propios protagonistas, pero siempre contando las dos visiones, las dos historias. Cada cual, que se monte su novela. Un buen trabajo de investigación que invita sin duda a una reflexión profunda de las dos partes, con un fin interesante y desinteresado; sin otro juicio aparente que contar la verdad, tal como fue.

 

Pero volvamos a la Milá, soberbia en el buen sentido de la palabra. Basta tan sólo verla paseando Azkoitia pisando el suelo con la ilusión de un becario que comienza, aún sabiendo que lo hacía terrenos pantanosos en los que el insulto y las miradas ponen los pelos de punta a cualquiera. En Euskadi no hay libertad: para eso está Mercedes, la buena, para irse hasta Guipúzcoa y contárnoslo. Con el coraje de las madres y la responsabilidad de un fiscal. Esta es la Mercedes de siempre, la Mercedes periodista, la Milá que interesa y que, definitivamente, queremos ver.

 

Sin embargo, otra Mercedes Milá, la del montón del barrio, anunciará, en prete y ante millones de personas, a quién le toca esta vez abandonar la casa. ¿Será Pepe, o será Dayron? Imagínense la estampa: la Milá viste una camiseta de algodón de Bruce Springsteen mientras muele a patadas a los kioskeros, a los que se irán a la calle de Altadis y hasta a Philip Morris, a quien le coloca una chapa moderna de Apaga y bésame.

 

Definitivamente, nos quedamos con la Milá periodista, la buena. La mala, perderá siempre sus cruzadas contra los vicios de la humanidad y acabará encerrada, casi con toda seguridad, en una jaula de grillos de la Sierra. Y a palos con todo el mundo.

 

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