En la Tierra a domingo, 21 abril, 2024

Vuelve el circo Malayo. Relojes y joyas ‘per tutti’

Tras la larga pausa veraniega cuya canícula ha dejado postrada a Málaga durante el mes de agosto, se reiniciaba el juicio del Caso Malaya que lleva camino de cumplir su prer año de idas y venidas, amén de una sensación soífera que contamina toda la ciudad de la justicia de Málaga.

 


GORKA ZAMARREÑO (ENVIADO ESPECIAL A MÁLAGA) 
Ya lo dijos con anterioridad, la causa contra la corrupción de la Marbella gilista va camino de convertirse en un auténtico culebrón venezolano su duración y capacidad de aburrir a las almejas cantábricas. Los apologetas de la optización de la función pública estarían encantados de meter mano en los juzgados malacitanos, donde los archivos y legajos se dedican a la cría industrial de malvas.

 

Pero volvamos con las andanzas de Roca, el sempiterno maloso principio y fin de los chanchullos millonarios que convirtieron a Marbella en un solar hipertrofiado de hormigón y asfalto. Roca lleva ya una larga temada en el talego de Alhaurín, una ciudad donde descansan a la sombra miles de presos hacinados y achicharrados el terral malagueño. Imaginamos a Roca en su chabolo, resguardado al fresco gracias a algunas mejoras que el dinero y los favores, que todo lo pueden, han servido para reformar su pequeña celda. Ha tenido tiempo para seguir pensando, trazar planes y decidir que el marrón de los décos de lotería se los iba a comer él. Los rumores eran insistentes entorno a un posible trato en el que Roca reconocía el blanqueo de capitales a cambio de exonerar a su mujer e hija.

 

 

Roca se autoinculpa de la compra de décos de lotería así como bonolotos, quinielas y cupones que le pudiesen servir para blanquear un dinero negro como el petróleo, que en teoría nunca tuvo origen ilícito, que contradicción.

 

Su declaración causó conmoción, acostumbrados a sus combates dialécticos en los que intenta zafarse de cualquier responsabilidad en las actividades ilegales de las que se le acusa.  Preguntado el fiscal, Juan Carlos López Caballero, Roca manifestó haber dedicado 384.000 euros de su “caja personal”, desvinculada de la llamada “caja B” de la sociedad Maras Asesores a la compra de boletos premiados. El ex gerente de urbanismo destinó también a la adquisición de los premios 200.000 euros de su mujer , María Rosa Jeno, también putada, al igual que la hija de ambos, María Roca, provenientes de una compraventa de propiedades y no declarados.

 

Aquí nadie se enteraba de nada. La dignísa señora de Roca se declaraba ignorante de los chanchullos de su marido, curiosamente, nunca le extrañó el lujoso tren de vida del que habitualmente disfrutaba muy alejado del de un funcionario municipal. Y claro, la niña tampoco, ella estudiaba devota y austeramente en Madrid.

 

Roca, ese tipo de rasgos de cateto murciano y manos como panes se declaraba “un gran amante del arte desde siempre” al que dedicó un inmenso pastizal que la fiscalía sitúa en los 27 millones de euros.

 

Roca echa sus cuentas e intenta alegar que parte de su colección la adquirió antes de 1996 (con su exiguo sueldo de funcionario), estrategia encaminada a descontarse años de posible condena merced a la prescripción de parte de los delitos. Y claro, los marchantes y vendedores de las bagatelas artísticas se declaran estupefactos del origen de la fortuna del murciano. Como todo aspirante a Barón Thyssen, Roca declara que no pretendía especular con las obras que adquiría, eso entre los añejos frascos de Barón Dandy junto al jacuzzi de su residencia, un Miró enmohecía lentamente.

 

También hemos visto que Roca era un sujeto espléndido y práctico. Por navidad, relojes “per tutti”. Entre 2001 y 2005 la inversión en estos complementos ascendió a más de un millón de euritos. Sabino Falconieri, su proveedor de confianza, que antaño se codease con la “jet” malagueña gracias a un fallido matronio, todavía no puede creerse el embolado en el que se metió. Preguntado la fiscalía sobre si no tenía sospechas de donde provenían los fondos del ex gerente de urbanismo, el italiano respondía que estos debían llegar de los negocios de promotor del comprador. Falconieri se contradice ya que en su declaración inicial reconoció sospechar “algo raro”. Los relojes, nada ostentosos según el gusto de Roca, se destinaban al pago de favores o como recordatorio de las obligaciones debidas. Uno de los destinatarios de un Bulgari fue el oficial de los Juzgados de Marbella Francisco Ramírez. Lo curioso es que el tratante italiano compraba los relojes seleccionados en la Feria de Munich, donde los conseguía en una especie de kilómetro cero para luego entregárselos a Roca. Los pagos, siempre cantidades en metálico en sobres, los efectuaba Salvador Gardoqui a pesar de que el contable de Roca ha mantenido, en todo momento, que no manejaba, como diría Carmen Lomana, “dinero cash”.

 

En el banquillo nueve acusados de procionar joyas, relojes y obras de arte a ese hombre “respetable e inteligente” que Jean Fout, marchante de arte dice que es Roca. Y todavía les queda un mes…

 

Seguiremos Informando…

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