jueves, 29 septiembre, 2022

14 / JULIO ANGUITA

Intentar meter las biografías de Julio Anguita en cinco folios es como querer meter el agua del mar en la botella de San Agustín. Y digo biografías que Anguita, en mi criterio, tiene cuatro: la de las fechas y cargos, la humana, la moral y la política. Pero, antes de entrar en ellas, aunque sea en síntesis, quiero decir para que no haya dudas que yo soy un admirador de Julio Anguita (mi tocayo) desde que le conocí en los finales de los años sesenta en mi pueblo de Nueva Carteya, donde había ido destinado como Maestro Nacional.

 

PERSONAJES DE AYER Y DE HOY / Julio Merino Ya entonces descubrí, tras largas discusiones, que Anguita era un intelectual nato, que sus ansias de saber eran infinitas. Hablaba, hablábamos, con conociento de causa de Lenin, de José Antonio, de Unamuno, de Séneca, De Galdós, de Ortega, citar sólo algunos. Naturalmente en muchas cosas no estuvos de acuerdo entonces ni seguramente lo estemos hoy (aunque la vida después de muchos años nos ha hecho que convivamos en el mismo barrio de nuestra Córdoba y que a veces sigamos discutiendo, ya jubilados y en la últa curva del camino). En una cosa sí seguos estando de acuerdo, en nuestro republicanismo innato, los dos aspiramos que algún día llegue la III República. Dicho lo cual les reproduzco la biografía que recojo de la solapa de su libro “El tiempo y la memoria” (que publicó con el buen periodistas Rafael MartínezSancas): “Julio Anguita González (Fuengirola, Málaga, 1941), maestro, licenciado en Historia Moderna y Contemánea, ingresó en el Partido Comunista de España en 1972, del que fue elegido secretario general en febrero de 1989. Ese mismo año la I Asamblea general de IU le nombró también candidato a la presidencia del Gobierno. Destacó como alcalde de Córdoba entre 1979 y 1986, años en los que fue el único alcalde comunista de una capital española.

 

Con él IU obtuvo su techo electoral hasta el momento: 2.650.000 votos. Llevado una decisión personal, en el XV Congreso del PCE (1998) ditió de la secretaría general. Dos años más tarde dejó de ser coordinador general de IU para volver a su actividad docente en Córdoba, en el Instituto Blas Infante, hasta su jubilación en agosto de 2002.

 

Sufrió un prer infarto el 27 de mayo de 1993, en Barcelona, y de nuevo otro el 28 de agosto de 1998, en Córdoba. Los médicos le realizaron un triple bypass el 16 de diciembre de 1999.

 

Actualmente es dirigente del PCE, miembro de la dirección federal de Unión Cívica la República y del colectivo Prometeo. Asismo parte conferencias sobre varios temas: “La III República”, “El Tratado de la Constitución Europea”, “¿Qué es la izquierda?” y “El Estado Federal”, entre otros.”

 

(Sobre sus infartos les recomiendo que lean su gran obra “Corazón Rojo”, publicado La Esfera de los Libros, en la que cuenta de una manera magistral lo que vivió y sintió en esos momentos cruciales de su vida).

 

Ahora vayamos al encuentro de la biografía humana. Porque ya estoy deseando decir que Julio Anguita es enca de todo, incluso de la política, un ser humano, o como se dice estas tierras “una buena persona”.

 

“Mi recuerdo es de la genteescribe el propio Anguita en la obra “El tiempo y la memoria”, no podía ser de otra forma, eso me da igual que se lleven los escombros. La gente está y en mí siguen las voces de la calle del Pozo y los juegos atolondrados con los amigos. Contra la memoria no hay máquinas que la puedan “trepar”.

 

Allí, en mi calle, pasé dieciocho años muy tantes que son los que más pronta me dejaron. En ese viaje el pasado presente puedo ver la agen del niño, del púber, del adolescente, del joven, del estudiante y del opositor. Y, supuesto las preras sensaciones que llevaron a descubrir el amor como la realidad más formidable que puede experentar una persona. También mi religiosidad profunda, la crisis, la rebeldía, el abandono de la fe… y siempre con la presencia de las vecinas campanas de la iglesia de la Magdalena en la acera de enfrente, o las del Carmen, situadas en dirección opuesta, como el que tiene a Dios vecino. Más allá, en lo que hoy es la Facultad de Derecho, estuvo el sanatorio de tuberculosos; sus internos daban largos paseos los jardines para recuperar la salud, siempre en grupo y a paso lento. Los veía con mi curiosidad de niño desde la azotea de la casa.

 

Si hay que buscar el ADN de una persona, el mío está aquí aunque pueda sonar a tango: en este espacio de barrio. Hace poco menos de un año me mudé a vivir casi en la misma calle con mi compañera Agustina Martín, la mujer con la que comparto el pasar de los días, unos números más allá están hoy las ventanas de mi casa. Ha sido el regreso, pero no para cerrar un ciclo, que sigo peleando, sino para detenerse y recapitular. Recapitulo en el mismo sitio donde me formé, lo tanto paisaje y memoria se alían para ayudarme a transitar las viejas historias que conoció un niño al que hoy no me parezco, en lo físico, pero sí me considero su heredero espiritual.”

 

O sea, un ser humano que sigue fiel a sus raíces, incapaz de hacerle daño conscientemente a nadie, un ser humano capaz de darlo todo sin que su mano izquierda sepa lo que hace su mano derecha, un hombre amigo de sus amigos y siempre respetuoso con los adversarios, que no enemigos (Curiosamente Anguita ha sido siempre un hombre respetado todos, fuesen del color político que fuesen). Un ser humano sencillo, abierto siempre al diálogo, humilde, que vivió y vive todavía de su trabajo y sus esfuerzos y sin traspasar nunca su nivel económico. “No fui una lumbrera en los estudios, pero sí de los que aprobaban todas las asignaturas con buenas notasdice Anguita. Cuando llegaba con ellas mi padre traía un paquetito de tortas con azúcar blanca enca, me las daba y decía de forma ritual: “!Muy bien, has cumplido con tu deber!”. Ése era el premio y no había otra cos. Y así entendí que debía ser mi vida en el futuro: hacer las cosas bien no me tienen que agradecer nada, eso soy tan reacio a los aspavientos y a los montajes que se hacen a las personas que en realidad sólo han cumplido con su deber. Soy de la opinión de que hay que ser más austero y comedido en la administración de elogios y parabienes.”

 

En resumen, un hombre bueno, “buena gente” y con un gran corazón, tan grande y tan rojo que no es de extrañar que ya le estallara en dos ocasiones.

 

En cuanto a su biografía moral sólo puedo decir unas cuantas cosas. Que en un mundo de pícaros, de falsos, de corruptos, de chaqueteros, de ladrones, de traidores, de canallas, de apóstatas, granujas, chorizos, trajinantes, comisionistas, mitinerosy de más ralea haya un hombre íntegro y honesto es casi un milagro. Y eso es y ha sido siempre Julio Anguita, un hombre honesto y honrado. Un hombre que jamás traspasó los límites de la ética, un estoico a lo Séneca (aunque Anguita supera a Séneca, puesto que el filósofo decía unas cosas y hacía en su vida otras. Anguita, el contrario, nunca dijo nada ni hizo nada que contradijera sus pensamientos y sus obras). O sea, un hombre consecuente, y de esos apenas si quedan en esta España decadente que estamos sufriendo. No hay más que repasar sus años de gestión pura como alcalde de Córdoba para comprobar que allí donde esté Julio Anguita perará siempre la decencia y el control riguroso en la administración (‘DONDE YO ESTÉ NO HABRÁ CORRUPCIÓN’). Esa ética, esa moral, es la que le hizo pasar como “un bicho raro” en su recorrido político activo. Aquí eso de la ética no se conoce. Y esa moral es la que le llevó a la pérdida de la fe, cuando comprobó que la Iglesia era la prera que había pisoteado la ética cristiana y la que le llevó a enfrentarse con el obispo de Córdoba siendo alcalde. Por su interés reproduzco parte de la carta abierta que le envió al obispo Infante Florido en 1981. Le decía entre otras cosas: “No es habitual en esta Alcaldía contestar públicamente a las opiniones, críticas o alabanzas que sobre la gestión municipal hacen los ciudadanos; a las críticas se contesta corrigiendo los errores que denuncian y a las opiniones con el respetuoso silencio. Sin embargo las declaraciones de don José Antonio Infante Florido merecen una especial atención que además de ser ciudadano cordobés es la máxa autoridad sobre los cristianos católicos de nuestra ciudad y presumiblemente tavoz oficial en cuestiones religiosas de un amplio sector de la población cordobesa….Señor obispo: usted valora y juzga (creo que más bien tendencias inerciales o reflejos condicionados de otras épocas) desde supuestos anteriores a la Constitución de 1978. No sé si sabe que la pequeña mezquita entregada en los jardines del Campo de la Merced (llamada vulgarmente “el morabito”) fue mandada a construir para el culto religioso de las tropas musulmanas del ejército de Franco y que, entonces, ninguna jerarquía religiosa protestó aquello. Su ilustrísa califica de error histórico la cesión de ambas mezquitas a la comunidad musulmana; yo, desde su puesto, desde su responsabilidad, desde la memoria histórica de las institución que representa me tentaría antes la ropa a la hora de hablar de errores históricos, sobre eso, delicadeza es mejor no hablar….Señor obispo, usted dice:”…estas decisiones municipales… van más allá del área de competencias que una gestión pública pueda realizar para el bien de una colectividad…”. Yo quisiera tranquilizar al ciudadano Infantes Florido; no se preocupe usted, la decisión es perfectamente legal y totalmente dentro de las competencias municipales, tranquilícese, se lo dice quien está perfectamente legitado el voto de los suyos (cosa ésta de la elección, interesante y conveniente de trasplantar a otras instituciones). Pero lo mismo que ha intentado tranquilizar o argumentar a don José Antonio Infante Florido tengo que decirle al señor obispo de los católicos cordobeses, con respeto, con muchíso respeto, que recuerde aquello de los zapatos del zapatero y las once varas de la camisa. Atentamente. Su alcalde.”

 

O sea, un hombre que no se casa ni con su padre, un hombre que le dice las verdades del barquero a quien corresponda, aunque sea el obispo de Córdoba. Un hombre que enca de las conveniencias defiende siempre lo justo, aunque ello le cree problemas, enemistades o pérdidas de votos. Por eso, yo y muchos más le votamos siempre mientras estuvo en activo, que sabíamos que donde Anguita esté y pueda hablar Anguita defenderá contra viento y marea la verdad, al menos ‘su verdad’. Muchos estamos convencidos de que Anguita nunca aceptará sin protestar la corrupción y las corruptelas. No es de extrañar pues que los socialistas, con Felipe González al frente, le declararan la guerra cuando denunció una y otra vez la corrupción del caso Filesa o el más grave de los GAL. Entonces se le acusó de cerrar la pinza con Aznar para atacar al PSOE, pero no hubo tal pinza, lo que hubo fue una rebelión contra los casos de corrupción. Eso se llama ética y ético es enca de todo Julio Anguita.

 

Ahora nos adentramos en el Anguita político. Es decir en el Anguita más polémico y más controvertido. Nadie puede negar que Anguita es un anal político y que su sangre es política. Sin embargo, las pocas contradicciones de Anguita son políticas. Él se vanagloria de ser un comunista convencido y así lo viene defendiendo, sin miedos ni cortapisas, desde que en 1972 se apuntó al PCE. En más de una ocasión muchos, y yo también, hemos discrepado con él en este asunto. Porque no entendemos que un hombre razón pura, defensor del diálogo, defensor de todas las libertades, de la democracia y de las urnas pueda ser comunista, ya que el comunismo es la negación de todas las libertades y la Dictadura per se. En más de una ocasión me quedé con las ganas de preguntarle ¿qué hubiese hecho él si hubiese vivido en la Rusia de Stalin?, ¿habría podido mantener la independencia de criterios que ha defendido siempre?. Pero, el comunismo además de dictadura (la dictadura del proletariado) es la persecución a muerte de todos los que no sean comunistas o tengan otras ideas. ¿Cómo se digiere eso de Comunismo y Democracia?.

 

Pero Anguita resuelve esta cuestión de una manera muy clara y muy personal en su obra “El tiempo y la memoria”, página 83. Ahí dice: “No sólo quiero ser comunista que me seducen las inmensas posibilidades de una humanidad que no tenga que dedicar esfuerzos y sinsabores para alentarse cuando ya es técnicamente posible la Utopía. Quiero ser comunista también que me siento en la obligación de poner mi atación, insignificante que ésta sea, a una lucha que comenzaron otros hombres y mujeres. Asumo el rol de eslabón de cadena, pero añadiría una razón más en esta época de miedos escénicos al que dirán y a lo políticamente correcto; una época en la que el hedonismo de prêtàter nos uniformiza en la banalidad: quiero ser comunista que me da la gana. Y con esta expresión quiero indicar que toda apuesta no se basa exclusivamente en análisis, deducciones y consideraciones a la luz de la experiencia inmediata, sino que también hay una componente fundamental: la subjetividad.”

 

¡Ay, señor Anguita, aquí se pasó dos pueblos!. Porque eso de “ser comunista que me da la gana” nos lleva al certificado aquel que pedía Ganivet para que lo llevasen todos los españolitos en el bolsillo: “Señores, este español está autorizado a hacer lo que le de la gana en cualquier momento y situación”. Lo cual demuestra que Anguita también es español.

 

Hay una cosa que, sin embargo, juega a su favor, que durante los siete años que fue alcalde de Córdoba no hubo ni Siberias, ni persecuciones ideológicas, ni de las otras, y que a la postre llegó a ser un alcalde aplaudido todos, desde la izquierda comunista a la derecha más extrema. Lo que puso de manifiesto que un comunista sincero también puede ser un gobernante para todos.

 

Por razones de espacio no puedo entrar en las mil cosas plausibles de Anguita como político. Pero hay una que sí me llamó la atención al leer su obra ya citada: la manera, el estilo de hablar en los mítines de las campañas electorales. Dice Anguita: “Si me tengo que poner una medalla, que sea que conmigo se abrió una nueva etapa en la manera de dirigirse a la gente en los mítines. Me apunto el tanto de abrir la etapa del mitin conferencia, del mitin información, del mitin en el que se dice:

 

Los explotados y los marginados lo son más en tanto que no tienen conciencia de ello y, lo que es peor, no quieren tenerla. Sé que la conciencia produce conflicto y tensión interna, pero los avances en enseñanza, sanidad, convenios colectivos, vivienda, etc., no han venido solos: son el producto de luchas heroicas de mucha gente concienciada. El que ejerce el derecho a voto tiene su alícuota parte de responsabilidad en la política que con su voto ha triunfado, pero si además reincide tiene mayor responsabilidad.

 

Entre las funciones de un dirigente está la de establecer la crítica interactiva, de doble dirección. En el aspecto de buscar la verdad con la gente he sido y soy un socrático convencido; hasta ese momento nadie había reparado en ello. En el fondo itaba y aplicaba a lo que Bertolt Brecht había hecho en la escena.

 

Pocas veces más podré escribir que he atado algo nuevo a la actividad política, pero sí me gusta resaltar esa pequeña forma de hablar en público que cambió un estilo mitinero vigente hasta ese momento. Se trata de un modo basado en una forma de entender la vida y las ideas revolucionarias, que a su vez están recogidas en Sócrates, en Antonio Gramsci y en el citado Bertolt Brecht. Siempre he creído que la mejor campaña electoral es aquella que se hace cotidianamente. Nunca me ha gustado ir a sitios donde no nos han llamado. He tenido problemas con algunos gabinetes de campaña electoral que he rechazado la visita a la fábrica en el periodo electoral o el paseo del candidato en los mercados repartiendo flores o propaganda. Las campañas y su deleznable liturgia son, además de ridículas, totalmente ineficaces para el objetivo que dicen buscar: el voto.”

 

Y aquí, a mi pesar, pongo punto final a este trabajo sobre Julio Anguita. Son gajes de las obligaciones periodísticas. Pero, no me resisto a recordar las palabras que Julio Anguita pronunció al conocer la muerte en Irak de su hijo Julio Anguita Parrado. Entonces, y en un acto la III República dijo: “Ha sido un misil iraquí, pero es igual, lo único que puedo decir es que vendré en otra ocasión y seguiré combatiendo la tercera República. MALDITA SEAN LAS GUERRAS Y LOS CANALLAS QUE LAS APOYAN”. Si señor, estoy de acuerdo, pero también en la guerra de Afganistán están muriendo españoles (y algún cordobés) y nadie levanta la voz sobre los canallas que la están apoyando.

 

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