Alejandro Betancourt, que tanto cuidado ha puesto a lo largo de los años por mantener un perfil bajo en los medios, ha visto cómo toda su estrategia se caía de un plumazo por la acción del Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional, en manos de Santiago Pedraz, que a buen seguro no lo va a soltar tan fácilmente…
Y es que el empresario ‘bolichico’, como se conoce a un grupo de multimillonarios que cosecharon su fortuna gracias al régimen bolivariano, a pesar de mantener un elevado tren de vida en Europa, se ha visto señalado por una marea de titulares, tras ser vinculado con una red de blanqueo de dinero desarrollada desde Venezuela a través de la petrolera estatal PDVSA. Y no sólo en medios venezolanos, sino incluso en una gran cabecera española como El País.
Esa trama, investigada por la Audiencia Nacional y que contaría con ramificaciones por toda Europa, le ha creado un serio problema reputacional al dueño de la popular marca de gafas Hawkers, que hasta ahora había huido del foco de los medios, pagando cantidades inconfesables, para poder seguir haciendo sus negocios petroleros, entre otros.
De hecho, Betancourt -que reside en Londres en la actualidad, donde fue detenido y dejado en libertad posteriormente-, ya llamó la atención hace una década cuando adquirió el castillo de Alamín, en Toledo, que había sido propiedad del ex presidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán. Precisamente, el lugar fue registrado por agentes de la UDEF, en el marco de la investigación sobre la que se levantó el secreto de sumario. Curiosamente quienes estaban cuentan, que ante el precio ofertado por Díaz Ferrán, él contestó: ‘que sean diez millones’…
En los últimos tiempos Betancourt y su entorno venían operando con bastante discreción, ya que el cambio de tercio de la Administración Trump sobre Venezuela, les ha situado en una posición complicada. Y es que las disensiones en el seno de la oposición venezolana -en la que algunas fuentes sitúan a Betancourt, como uno de sus apoyos financieros a pesar de mantener también una excelente relación con el oficialismo de Nicolás Maduro- le habían situado como blanco de críticas por ese doble juego. Unas acusaciones a las que su entorno había respondido con amenazas de demandas judiciales que, hasta el momento, no se han materializado.
Alejandro falló al gran Huguito y le convirtieron en el ‘socio,’ que sacaba tres petroleros de Vaca Muerta, para pagar los grandes gastos, entre otros, de la leal oposición a Nicolás Maduro, el colombiano cucuteño, que llegó montado en un autobús, el cuál conducía por el puente del Táchira, el mismo por el que contó el alcaldín Antonio Ledezma que había escapado.
Antonio Ledezma, cobrador del premio Sajarov y que nunca llegó el dinero, a las madres de los asesinados en las calles venezolanas; ¿dónde está ese dinero? Y, contó, entre otros, en mi despacho, delante del ex presidente colombiano Pastrana: “Entré por el puente. Una voz me espetó: ¡eres Ledezma, párese!… Me giré, continuó, y era de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), y me comentó dale, dale Alcalde, a la libertad”, de risa o de coña, depende de quién lo escuche… Cachos, vecina, correr, salir con el rodillo de amasar en cabeza propia… Qué puente ni puente, ese es Óscar, otro campeón.
Pues así, es todo lo que tiene que ver con Venezuela, es una broma. Los unos y los otros son los mismos, cobran de los mismos y hacen lo mismo. Los ciudadanos que quedan dentro, son los que no han podido salir, viendo como el resto rasca la olla… Pero, los amigos del Bolichico, que también están allí, no van a las colas de las bolsas clap, comen de primera, como en los restaurantes carísimos del Barrio de Salamanca o los Jerónimos de Madrid, ¿verdad Lilian?…
Qué pena, qué asco, qué injusticia y qué mentira, ¿verdad Alejandro?, sobre todo injusto. Con lo bien que te lo tenías montado.
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