La actuación de Bad Bunny en la Super Bowl no solo dejó imágenes impactantes y un repertorio reconocible para sus seguidores, sino que abrió un debate más amplio sobre los mensajes que se comunican desde uno de los mayores escaparates mediáticos del mundo.
Más allá de lo musical, el show fue interpretado por parte del público y de los analistas como una propuesta cargada de significado. El uso mayoritario del español, las referencias culturales latinas y una puesta en escena alejada de los códigos tradicionales del evento fueron leídos como una reivindicación de identidad y diversidad en un contexto históricamente dominado por una narrativa anglosajona. Una actuación que adquiere un significado especial dentro de la situación social y política actual de Estados Unidos, marcada por el aumento de la violencia del ICE hacia la comunidad latina.
📹 🏈 La actuación de Bad Bunny en el descanso de la #SuperBowlLX redefine el “God Bless America” mencionando a Canadá, a la comunidad latina y vestido de Zara pic.twitter.com/J7nsQr6Icb
— prnoticias (@prnoticias) February 9, 2026
Repercusiones inmediatas
Las reacciones no se hicieron esperar. Mientras la mayor parte de la audiencia latinoaméricana celebró la visibilidad de la cultura latina en un evento global, otras voces mostraron incomodidad ante lo que consideraron una ruptura con los valores habituales del espectáculo. En redes sociales y medios de comunicación, el debate se desplazó rápidamente del análisis artístico a la discusión sobre qué se quiso decir y a quién iba dirigido el mensaje.
El presidente estadounidense Donald Trump fue una de las voces más críticas. A través de sus redes sociales, calificó la actuación como “absolutamente terrible”. Pero, frente a estas críticas, numerosas figuras públicas y artistas defendieron la actuación y el mensaje de Bad Bunny, además de Ricky Martin o Lady Gaga, que acompañaron al puertorriqueño en su show.
Katy Perry quiso mostrar públicamente su apoyo horas antes de la actuación con un mensaje en X : “Tú puedes con esto, recuérdale al mundo cómo es el verdadero sueño americano”. En la misma línea, Jennifer Lopez, que ya sabe lo que supone actuar en la Super Bowl, le envió ánimos destacando la conexión y el respaldo entre artistas: “Mandándote todo el amor, la positividad y el abrazo más grande del mundo. Todos estamos contigo esta noche”. También Shakira se sumó a los mensajes de apoyo, recordando su actuación conjunta en el medio tiempo de 2020 y deseándole suerte.
Un escenario convertido en altavoz
La propuesta del artista puertorriqueño confirmó que una actuación puede ser, al mismo tiempo, un producto cultural y un mensaje con impacto simbólico, capaz de generar conversación más allá de los minutos que dura sobre el escenario. Las distintas interpretaciones del show refuerzan la idea de que el foco no estuvo únicamente en la música, sino en cómo esta fue utilizada para construir un relato y provocar una reacción en audiencias muy diversas.
Más que un concierto, el evento se convirtió en una plataforma de comunicación con mensajes sobre identidad cultural, unidad y orgullo latino, integrando elementos visuales y musicales que apelaron tanto a fans como a públicos críticos. Su show celebró la diversidad cultural y la identidad latina en un contexto global, con referencias simbólicas que resaltaron valores de unidad y orgullo. “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, dijo el artista.
Y es que, aunque el show de Bad Bunny tuvo lugar en un contexto cultural y político claramente estadounidense, su repercusión internacional ha generado ecos en otros espacios políticos, incluidos debates mediáticos en España sobre identidad cultural y proyección global. El gesto del artista al incluir símbolos y guiños que resonaron también con el público español —como la aparición de la bandera española en algunos elementos visuales de la actuación, que fue tema de conversación en redes sociales y medios españoles— muestra cómo un espectáculo global puede cruzar fronteras y activar discusiones más amplias sobre cultura e inclusión. En España, donde el uso del idioma y la representación cultural también son asuntos de debate público, la actuación ha sido interpretada por muchos como un ejemplo de cómo la cultura pop puede convertirse en una herramienta política.










