Cuando el activismo de datos sustituye al análisis en la sanidad madrileña
En los últimos años, el debate sobre la sanidad pública en la Comunidad de Madrid ha dejado de ser una discusión técnica para convertirse, en demasiadas ocasiones, en un ejercicio de construcción de relato. Un relato en el que determinados perfiles digitales han adquirido un protagonismo desproporcionado.
Uno de los ejemplos más visibles es el de @ciudadano_o2.
No es un gestor sanitario. No es un profesional asistencial. No es un responsable público. Es, como el propio análisis de su trayectoria demuestra, un activista individual que ha encontrado en los datos públicos una herramienta eficaz para construir una narrativa crítica sobre el sistema.
Hasta ahí, nada que objetar. El escrutinio forma parte de una democracia saludable.
El problema comienza cuando el dato deja de ser información para convertirse en argumento selectivo.
Porque conviene recordar algo básico: los datos no hablan solos. Se eligen, se interpretan y se presentan. Y en ese proceso se decide también qué queda fuera.
Y lo que queda fuera, en este caso, no es menor.
La Comunidad de Madrid lidera indicadores clave del sistema sanitario español: eficiencia, tiempos de espera, capacidad hospitalaria y reconocimiento internacional de sus centros. Son datos públicos, medibles y comparables. Son, en definitiva, resultados.
Resultados que, curiosamente, rara vez forman parte del relato que se construye desde determinados perfiles y siempre amplifican los mismos medios de forma recurrente (El País, Cadena SER, Público, Infolibre o El Plural).
Aquí es donde el debate deja de ser técnico y empieza a ser otra cosa.
Porque lo que estamos viendo no es tanto una evaluación del sistema como una impugnación del modelo. Una crítica que no se dirige a mejorar lo que funciona, sino a cuestionar el marco en el que funciona.
Y en ese terreno, el activismo de datos encuentra un aliado natural: un ecosistema mediático concreto que recoge, interpreta y amplifica estos contenidos dentro de un mismo marco editorial.
No es una conspiración. Es algo más sencillo: una dinámica de retroalimentación en la que fuente y altavoz comparten enfoque.
El resultado es conocido. Se genera una percepción de consenso donde en realidad hay una mirada parcial. Se enfatizan disfunciones —que existen, como en cualquier sistema complejo—, pero se diluyen los indicadores estructurales que apuntan en sentido contrario.
Y así, poco a poco, el ruido sustituye al análisis.
Conviene hacer aquí una reflexión incómoda para el propio sector periodístico. La frontera entre información y activismo no puede seguir difuminándose sin coste. La credibilidad de los medios se construye precisamente sobre su capacidad de ofrecer contexto, contraste y pluralidad.
Cuando ese equilibrio se rompe, el riesgo es evidente: convertir el debate público en una suma de relatos enfrentados en lugar de un espacio de análisis riguroso.
La sanidad pública no necesita ni propaganda ni deslegitimación sistemática. Necesita evaluación, mejora continua y, sobre todo, honestidad en el análisis.
Porque al final, más allá de modelos, ideologías o relatos, hay una única pregunta relevante:
¿Está funcionando el sistema para el ciudadano?
Y a esa pregunta, en el caso de Madrid, los datos —todos los datos— ofrecen una respuesta que merece algo más que un hilo en redes.
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…









