La ‘rajada’ del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, contra Vocento, su diario ‘ABC’ y el extinto proyecto de ‘Relevo’ ha vuelto a levantar polvareda dentro y fuera del grupo editorial. Allí, asumen la embestida de Pérez contra la editora y contra el periódico, pero se desvinculan de la iniciativa del portal deportivo que va camino de cumplir el primer aniversario de su cierre el próximo día 29.
Y es que ‘Relevo’, al que Florentino puso a escurrir, sigue siendo considerado como uno de los fracasos sin paliativos más significativos de la etapa de Luis Enríquez como consejero delegado de Vocento. Un proyecto en el que se enterraron cantidades ingentes de dinero para no levantar cabeza y que es señalado como un ejemplo de todo lo que no hay que hacer.
Al margen de la línea editorial de ‘Relevo’, los artífices de su puesta en marcha -y de su caída- son dos: el propio Enríquez y su edecán Óscar Campillo, al que aupó como director, supuestamente amparado por su labor, en tiempos, al frente de ‘Marca’. Algo incomprensible, más allá de la confianza depositada por Enríquez en él, ya que los números que dejó Campillo en el deportivo de Unidad Editorial mostraron su incapacidad manifiesta.
Campillo volvió a erigirse en gurú del periodismo deportivo gracias a Enríquez, que con anterioridad le había buscado un cómodo destino como director de Comunicación y Relaciones Institucionales de Vocento. Calma chicha en su gestión, buen sueldo y mucho tiempo libre, sin mayores responsabilidades bajo la sombra de un consejero delegado poco exigente al respecto.
‘Relevo’ capotó y, una vez más, tanto Enríquez como Campillo activaron los asientos eyectores. Muy distinta fue la situación de la redacción, que no tuvo la suerte de que les nombraran socios directores de una consultora de patrocinios, Welink, en la que Enríquez muñía como ‘bussines advisor’.
Al menos, puede decirse que el exconsejero delegado de Vocento cuenta con la virtud de amparar a los suyos. Algún caso, más reciente, ha podido verse en los últimos tiempos con otro de sus protegidos, aupado en el organigrama de cierto digital en el que encontró refugio gracias a la medición de Enríquez antes de ser despedido del periódico en el que cobraba.
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