En la Tierra a viernes, junio 26, 2026

SOY MARICÓN DE ESPAÑA

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“Y me importa un comino que
la gente en mi camino…
…de mí querrán murmurar.
Soja…
…ay…ay…
…yo soy maricón.
Maricón de España.”

La intervención de Jaime de los Santos durante el debate de la reforma del Código Penal para castigar las llamadas terapias de conversión dejó un momento estelar en la historia de la democracia española. El diputado del PP respondió con dureza a las críticas del secretario nacional de Igualdad del PSOE, Víctor Gutiérrez, después de que los socialistas reprocharan la pasividad de los populares que, con su abstención, se habían colocado una vez más “en el lado incorrecto de la historia”.
De los Santos fue tajante al calificar las terapias de conversión como un “delito inaceptable contra la dignidad de las personas” y defendió que quienes las practiquen afronten todo el peso de la ley, en lugar de limitar las consecuencias al régimen de sanciones administrativas. Sin embargo, aprovechó también su intervención para cargar contra la estrategia de la izquierda en materia LGTBI, acusando al PSOE y a sus socios de utilizar al colectivo como instrumento de confrontación política. En esa línea reivindicó la trayectoria del Partido Popular en la defensa de la diversidad y puso como ejemplo las políticas desarrolladas por la Comunidad de Madrid por esa musa de parte de la comunidad LGTBI que es la presidenta Ayuso.
El momento culminante llegó al final de su discurso cuando abrió la puerta del armario: “Soy del PP, soy maricón y me siento muy orgulloso de ambas cosas”. Una declaración innecesaria por sabida que buscaba reivindicar la compatibilidad entre su orientación sexual, sus convicciones políticas y la sufrida educación recibida de “un padre y una madre, católicos y de derechas”, que, según afirmó, siempre pusieron por delante el amor.
La frase evocó inevitablemente otro “soy maricón” mucho más conocido para varias generaciones de españoles: el sketch de Martes y Trece que popularizó a mediados de los noventa Millán Salcedo cantando “Soy maricón de España”, mientras Josema Yuste caricaturizaba a Lauren Postigo. Aquella parodia reflejaba una España en la que la homosexualidad seguía siendo objeto de caricatura y donde la visibilidad pública estaba marcada por el humor y el estereotipo.
A quien esto escribe se le antoja pertinente recordar “al cómico maricón” del Parlamento que, aunque la Iglesia católica ha suavizado por estrategia de mercado su lenguaje respecto a las personas homosexuales sosteniendo que la atracción hacia personas del mismo sexo no constituye un pecado en sí misma, continúa calificando los actos homosexuales como “intrínsecamente desordenados” y “contrarios a la ley natural”, por tanto, pecados mortales. Esa posición sigue siendo inamovible por mucho que no quiera verla la nueva versión de Millán Salcedo. Porque quizá el amor construirá futuro, pero lo que es incuestionable es que el amor de los padres de de los Santos por su hijo ha construido un incoherente presente.

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