Burger King quería que este verano se hablara de sus nuevos menús. Lo ha conseguido, aunque probablemente no de la forma que esperaba.
La cadena de restauración reunió a Marta Díaz, Marina Rivers, Peldanyos y El Xokas en la campaña Grand King, una competición en la que cada uno cuenta con su propio menú y son los clientes quienes deciden cuál será el ganador. Una acción basada en la capacidad de movilización de cuatro de los creadores de contenido más populares de España.
Sin embargo, el protagonismo ha acabado lejos de las hamburguesas.
La campaña de Burger King reabre el debate: ¿machismo, rechazo a los creadores o una estrategia que se volvió viral?
Los primeros días comenzaron a circular imágenes de varias marquesinas protagonizadas por Marina Rivers y Marta Díaz con pintadas de carácter sexual. Las fotografías provocaron una oleada de críticas y las propias influencers denunciaron que este tipo de ataques reflejan la violencia que muchas mujeres siguen sufriendo simplemente por ocupar un espacio público.
El debate parecía centrarse en la cosificación de las creadoras de contenido. Pero la conversación dio un giro pocas horas después.
Nuevas imágenes mostraban que los carteles de Peldanyos y El Xokas también habían aparecido vandalizados. Aunque las pintadas no tenían el mismo componente sexual, el resultado era idéntico: la campaña se había convertido en el blanco de quienes decidieron intervenir sobre ella.
Es ahí donde surge una segunda lectura. Más allá del evidente mal gusto de las pintadas dirigidas a las mujeres, la campaña también parece haber puesto de manifiesto el rechazo que despiertan algunos influencers. La enorme exposición mediática de estos perfiles los convierte en objetivos fáciles para quienes buscan llamar la atención o expresar su descontento.
La pregunta que deja esta campaña va más allá del vandalismo. ¿Se trata únicamente de un problema de machismo o también de una creciente animadversión hacia la figura del influencer? ¿O, simplemente, Burger King diseñó una campaña tan visible que terminó convirtiendo sus marquesinas en el lugar perfecto para que las redes continuaran la conversación… con un rotulador en la mano?
Sea cual sea la respuesta, hay algo evidente: durante días se ha hablado mucho más de los carteles que de los menús. Y eso demuestra que, cuando una campaña se hace viral, la marca deja de controlar el relato y son los propios usuarios quienes deciden de qué se termina hablando.










