En la Tierra a lunes, julio 13, 2026

EL REGALO DE ERDOGAN

…Hay fotografías que terminan explicando una cumbre mejor que cualquier comunicado oficial. Ankara ha dejado una colección de retratos donde los discursos sobran porque los gestos hablan solos. La imagen más comentada no ha sido la de los acuerdos, sino la de un Mark Rutte cuya actitud ante Donald Trump ha transmitido una sumisión que muchos han considerado impropia de quien representa a una alianza entre iguales. En política exterior, las formas importan porque suelen anticipar el fondo…

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Sin embargo, el gran beneficiado de la escena ha sido Pedro Sánchez. Paradójicamente, el protagonismo que el presidente español difícilmente habría conquistado por sí mismo le ha llegado envuelto en la teatralidad de Trump. El presidente estadounidense abrió fuego verbal contra España con esa mezcla de brusquedad y desdén que ha convertido en una seña de identidad. Horas después, sin explicación convincente, cambió el guión para describir a España como “muy generosa en su postura”. Nadie ha aclarado qué ocurrió entre una declaración y la siguiente.

Ese giro sólo alimenta las sospechas sobre el habitual doble lenguaje de La Moncloa. Mientras Sánchez exhibe la bandera del “no a la guerra” como elemento de consumo político interno, el gasto en defensa continúa creciendo por distintas vías administrativas. El mensaje hacia la opinión pública es uno; las decisiones presupuestarias parecen caminar en otra dirección.

Todo ello ocurre con un Gobierno sin presupuestos nuevos, recurriendo a modificaciones de crédito, reajustes de partidas y decisiones que apenas encuentran fiscalización parlamentaria ni un debate público proporcional a su alcance. La ciudadanía contempla el espectáculo desde la grada mientras el dinero cambia de destino sin excesivas explicaciones.

Como colofón, la polémica por el regalo de Recep Tayyip Erdoğan ha rozado lo pintoresco. Un revólver Magnum fabricado en Turquía durante los años noventa ha escandalizado a algunos dirigentes europeos. Resulta llamativa la hipocresía de quienes asumen con naturalidad inversiones multimillonarias en defensa, capaces de movilizar decenas de miles de millones de euros, se rasguen ahora las vestiduras ante un arma convertida en objeto de protocolo. Parece que el metal de un revólver hiere más sensibilidades que la fría contabilidad de los arsenales. La política contemporánea mantiene intacta esa vieja habilidad para escandalizarse por el símbolo mientras convierte la realidad en un simple trámite administrativo.

José Antonio RULFO

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