La comunicación estratégica y las redes de poder dentro y fuera de las organizaciones están sufriendo una profunda reestructuración. Según concluye el estudio Communication Management Radar 2026, elaborado por la Universidad de Leipzig y la Academic Society for Management & Communication, las fuentes tradicionales de influencia han cedido terreno ante la irrupción de nuevos actores digitales y el cambio en las dinámicas laborales.
En el entorno externo, los medios periodísticos convencionales pierden protagonismo, especialmente entre las audiencias más jóvenes, que consumen información principalmente en plataformas de video y redes sociales como YouTube, Instagram o TikTok. En estas plataformas, los creadores individuales de contenido ejercen con frecuencia mayor influencia que las propias organizaciones de noticias. Al mismo tiempo, grandes conglomerados tecnológicos como Google, Apple, Meta, Amazon y Microsoft operan como “guardianes infraestructurales” (infrastructural gatekeepers), ejerciendo un poder asimétrico y opaco sobre el flujo de información, la visibilidad y las interacciones sociales a través del control de datos y algoritmos.
En el ámbito interno de las empresas, la consolidación del trabajo híbrido también ha reconfigurado la influencia organizativa. En los entornos virtuales o distribuidos, los indicadores tradicionales de autoridad jerárquica pierden visibilidad y eficacia práctica. En su lugar, emerge con fuerza el “poder relacional”: la capacidad de influir e inspirar compromiso no mediante el cargo o la coacción, sino a través de la construcción de confianza, la facilitación del acceso a la información, el reconocimiento de contribuciones y el fortalecimiento del intercambio social.
Para adaptarse con éxito a este nuevo escenario, el informe plantea cuatro recomendaciones esenciales para los directivos y profesionales de la comunicación:
- Invertir en poder relacional: Priorizar el establecimiento de vínculos de confianza e incentivar la interacción social fluida entre equipos y departamentos.
- Identificar y respaldar a los facilitadores: Apoyar a aquellos profesionales que, independientemente de su posición formal, conectan personas, alinean aportaciones y dinamizan la colaboración dentro de la empresa.
- Reevaluar continuamente el mapa de stakeholders: Revisar de forma constante el mapa de grupos de interés para identificar a los nuevos actores influyentes y asegurar que las estrategias de relación sigan alineadas con los objetivos organizativos.
- Fomentar la resiliencia relacional y la adaptabilidad: Entender que la influencia es situacional y cambiante, por lo que las organizaciones deben ser capaces de reconfigurar sus relaciones de manera ágil ante nuevas prioridades o contextos volátiles.
En definitiva, la investigación enfatiza que en un ecosistema donde los canales y las jerarquías tradicionales se debilitan, la capacidad de sostener un diálogo directo y personalizado se convierte en el motor fundamental para proteger la reputación y ejercer un verdadero liderazgo estratégico.
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